ABCDiario: M de Migajera (entre verdades y migajas)
Opinión

ABCDiario: M de Migajera (entre verdades y migajas)

Bienvenidos a este rincón donde las letras se bajan del pedestal y nos miran a los ojos para hablarnos, sin rodeos, de lo que duele, de lo que callamos y de lo que, ya va siendo hora, debemos empezar a cambiar
16 de agosto de 2026
Opinión.-  Hay charlas que no se quedan en el consultorio ni se limitan a un cuestionario de libreta; son esas que se acomodan en la sala de casa, con una taza de café, mientras vemos pasar el día aprovechando la buena conversa. Con esa misma confianza de sobremesa —sin posturas ni caretas— nos sentamos a analizar un tema que a más de uno le ha arrugado el estómago: esa extraña maña de conformarnos con tan poquito.

Charlar con Viviana Román es como una brisa marina. Escucharla es entender de inmediato por qué equilibra con tanta maestría su alma de trail runner —acostumbrada a coronar cumbres ya medir la resistencia paso a paso— con la sensibilidad aguda de quien sostiene el mundo emocional de tres príncipes en casa.

Ella, psicóloga clínica y magíster en gerencia organizacional, tiene su propio lema: “Morimos y renacemos las veces que sean necesarias”, @unsentidoconvivi nos abre los ojos ante una cruda realidad con la palabra “Migajera”.

Bienvenidos a este rincón donde las letras se bajan del pedestal y nos miran a los ojos para hablarnos, sin rodeos, de lo que duele, de lo que callamos y de lo que, ya va siendo hora, debemos empezar a cambiar.

En su sentido literal, una migaja es la sobra del pan. Por lógica gramatical —como el panadero hace el pan—, una migajera debería ser quien reparta las migajas. Sin embargo, el término es un camaleón, dado que la palabra es un neologismo de la calle y de las redes; funciona como un término de doble vía (o ambiguo) según quien lo diga.

-Para los adultos: Es el tacaño emocional que da afecto a cuentagotas.
-Para los jóvenes: Aquel o aquella que recibe y se arrastra por sobras de amor, conformándose con lo mínimo.

Llevada a la mesa emocional y de pareja, la actitud migajera no es un capricho, sino un mecanismo de supervivencia. Quienes crecieron con escasez afectiva desarrollan un apego ansioso: prefieren la incertidumbre del sobrante antes que la nada absoluta. Así se arma una trampa de refuerzo intermitente que engancha como una droga.

¿Hacia dónde se inclina la balanza? ¿Es cosa de hombres o de mujeres?

Los estudios de psicología muestran que en la mendicidad afectiva no hay distinción de género. El pan rallado (dar migajas) o aceptarlas depende del tipo de apego y la madurez emocional.

No obstante, en consultas clínicas la balanza se inclina mayoritariamente hacia las mujeres (70 % frente al 30 %). Históricamente educadas como “cuidadoras”, desarrollan una paciencia infinita, justificando el desinterés ajeno bajo la premisa de que “con amor lo voy a cambiar”. Error.

La pareja perfecta del vacío
Cuando ambos perfiles se encuentran, forman la combinación ideal:

El mezquino emocional: El proveedor que da a cuentagotas y necesita a alguien dispuesto a esperar.

El receptor: El que se conforme con poco y necesita una chispa mínima para mantener la ilusión. Sus vacíos encajan a la perfección.

¿Cómo se nota? Justificas el desamor con un “está ocupado”, tu ánimo depende de si te escribieron y te tragas las palabras por miedo a que se vayan.

¿Cómo se frena? Haz cuentas claras, anota lo que das y recibes, pon mínimos innegociables y sal de la exclusividad afectiva nutriendo tu propia red.

Mi glosario para descartar las sobras

A de Apego: El hilo invisible que determina cómo nos amarramos. Entender nuestro apego ansioso es el primer paso para dejar de mendigar.

C de Culpabilidad: La mochila invisible que nos vuelve jueces implacables. Hay que separar la responsabilidad real del autoazote crónico.

E de Expectativa: El motor de nuestros dolores cuando la realidad improvisa. No se trata de dejar de soñar, sino de abrazar la imperfección.

S de Silencio: El refugio íntimo y urgente frente al ruido de las pantallas. El espacio donde el alma toma aire y escucha lo que de verdad queremos.

Todos -alguna vez- hemos fungido como panaderos de nuestra propia miseria. El problema no es de géneros, sino de responsabilidad afectiva. Al final, este baile disfuncional se sostiene con un libreto muy conocido: de un lado, las súplicas desesperadas del que acepta las sobras con frases como “quédate conmigo aunque sea un ratito”, “prefiero esto a no tener nada” o el colmo del autoengaño: “móntame cachos, pero no me dejes”.

Del otro, las coartadas del mezquino emocional que reparte el afecto a cuentagotas con un “estoy pasando por un momento muy complicado” o el clásico “eres demasiado para mí, no te merezco”, justo antes de volver a hacer daño.

La próxima vez que te veas recogiendo migajas, recuerda: tienes derecho al banquete completo. Cierra la panadería a los afectos a media, levántate del piso y mejor busca reciprocidad, paz y presencia real que te mereces. Y si necesitas ayuda, ve a terapia. Es una inversión que agradecerás siempre.
Sigue la información minuto a minuto en nuestro Telegram Instagram Facebook Twitter ¡La noticia en tus manos!
VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Nohiria Oliveti