Cita con la historia: Los pioneros del liceo Pedro Gual
Opinión

Cita con la historia: Los pioneros del liceo Pedro Gual

Aquel viejo edificio todavía conservaba sus techos de tejas y caña brava, y era más pequeño, ya que fue muchísimos años después cuando se construyó al fondo la ampliación que conocimos nosotros en los ochenta
31 de julio de 2026
Opinión.- Ya aquí hemos escrito algo de la historia del liceo Pedro Gual, decano de los liceos públicos de Valencia. En estos días recibí la grata visita de mi antiguo profesor de psiquiatría forense en la Facultad de Derecho, el doctor José Luis Zurita, médico psiquiatra, estudiante a finales de los años cincuenta en el famoso liceo, quien me señaló otros datos interesantes y me entregó viejos artículos escritos por José Rafael Clavo López, otro “pedrogualense”, pero mucho más antiguo, publicados a mediados de los ochenta.
 
Cuando en 1.936 el presidente López Contreras decreta la creación del Pedro Gual, el nuevo instituto viene a sustituir al “Colegio Federal de Varones”, que existía en nuestra ciudad. La sede de ambos fue el antiguo Edificio de la Universidad, frente a la Plaza Sucre que, en mis tiempos, fue la Facultad de Derecho y, actualmente tiene el rimbombante nombre de “Centro de Interpretación Histórica, Cultural y Patrimonial (CIHCP) de la Universidad de Carabobo”, por esa manía de algunas autoridades de poner nombres raros antes de realmente hacer obras.

El edificio conserva todavía su estructura centenaria: Luego de atravesar el enorme zaguán los cuatro enormes corredores con gruesos pilares, que antes soportaban los techos de viguetas, caña y tejas y ahora son de platabanda, alrededor de donde se encuentran las diversas aulas. En el centro, el patio con vistosas plantas donde antiguamente estaba el busto de Arturo Michelena, creo que hoy frente al Ateneo de Valencia. En mis tiempos estaba allí el busto de Miguel José Sanz. A la izquierda, la escalera monumental que llevaba al paraninfo que, para esos tiempos, lucía deteriorado y que fue, afortunadamente, restaurado en los sesenta y, luego, creo que en los ochenta o noventa. Todavía en los 30, cuando empezó a funcionar allí el Pedro Gual, en el paraninfo se encontraban varios de los muebles adquiridos a finales del siglo XIX por el rector-fundador Don Alejo Zuloaga que le dieron al importante salón un aspecto imponente. De aquel mobiliario original ya no queda nada.
 
Aquel viejo edificio todavía conservaba sus techos de tejas y caña brava, y era más pequeño, ya que fue muchísimos años después cuando se construyó al fondo la ampliación que conocimos nosotros en los ochenta. En los años de la creación del liceo, a mediados de los 30, allí lo que había era un terreno que se usaba a manera de cancha de baloncesto por los noveles estudiantes.
 
La primera camada que inicia las actividades del novísimo liceo estaba integrada por muchachos que habían cursado la primaria en el Colegio Federal de Varones, en el Colegio Froebel, Instituto Católico Alemán y en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús de los Hermanos Cristianos, hoy La Salle. Según recordaba en su artículo en El Carabobeño a mediados de los ochenta Clavo López, ese primer pequeño lote de muchachos de 1936 estaba integrado por los siguientes jóvenes:

Oswaldo Amare del Castillo, Armando Arcay Solá, Guillermo Araujo, Julio Gregorio Bacalao Lara, Antonio Burguillos, Fernando Castillo Orduz, José Rafael Clavo López, Jacobo Divo, Eduardo Hidalgo, Manuel Iribarren Borges, Raul Izaguirre, Pablo Lara, Miguel Alfredo Malpica, Oscar Malpica Guada, Miguel Manzo, Víctor Julio Michelena, Vicente Emilio Oropeza, Carlos Suhr Uslar, Fernando Wadskier y la única chica de esa primera promoción: Ana Mercedes Bacalao. Por esos tiempos otros célebres egresados del Pedro Gual, como Guillermo Mujica Sevilla, apenas estarían jugando plastilina en la primaria.
 
Varios del grupo fueron destacados médicos de la ciudad, pero el más destacado por su inteligencia de estos muchachos sería Manuel Iribarren Borges, graduado en 1942 de doctor en Ciencias Físicas y Matemáticas y que, más tarde, dedicó su empeño de manera gratuita en Funval para el mejoramiento de la ciudad, por lo que se honró con su nombre a la avenida de la Zona Industrial que va al aeropuerto.

Clavo López también recuerda al primer bedel del liceo de nombre Pompilio Riera, un “cojo” de mal carácter que tenía atemorizados a los traviesos estudiantes.

@luishmedinac
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Luis Heraclio Medina C.