Su excelencia académica fue su tabla de salvación
Opinión.- En la Ciudad Hospitalaria "Dr. Enrique Tejera" (CHET), de Valencia, en el estado Carabobo, la figura del Dr. Armando Morales impone. Basta observarlo: un hombre de mirada de acero y determinación falconiana. Como jefe de neurocirugía, ha transformado el servicio en una vitrina de vanguardia. Quien fuera arquitecto de un centro neurocientífico en Coro, ha trasladado su visión a Carabobo con una meta clara: demostrar que la medicina es un servicio público de vocación y que la excelencia científica es un derecho democrático, no un privilegio privado.
Su historia nace a los 13 años, cuando supo que el cerebro sería su norte. Creció en un hogar de cinco hermanos, bajo el amparo de una madre soltera que hizo de ellos sus trofeos de vida, compensando con entereza la ausencia de una figura paterna. Armando fue el primer profesional de su barrio; ese joven que se prometió llegar donde nadie había llegado. Cuando su madre impidió, por miedo, una beca para Inglaterra, él tomó una decisión de estratega: ingresó a la ULA y, ante la estrechez económica, cambió sus becas de estudio por una de alimentación para sobrevivir. "A mí nadie me viene a echar cuentos de hambre", confiesa con firmeza. "Una vez que decidí estudiar medicina, era medicina".
Su excelencia académica fue su tabla de salvación. Aprendió inglés solo, escuchando la BBC en onda corta, y tras graduarse en la Universidad de Los Andes (ULA), ingresó al posgrado de neurocirugía en el Hospital Pérez Carreño, donde se alzó como el número uno de su promoción, obteniendo la distinción Magna Cum Laude. Su carrera continuó escalando entre Brasil, Bolivia y Turquía; desde 2024, es el primer venezolano con certificación europea en el área neuroendovascular; es decir, neurocirugía híbrida que opera cerebros con microcirugía y, además, hacen cateterismo cerebral.
Armando honra sus raíces
Destaca a sus mentores, el Dr. Saúl Krivoy y el Dr. Pérez Fon: "Con estos 'influencers' en mi vida fue suficiente para llegar donde quiero". Su lealtad fue más allá: devolvió la vida desde el quirófano a tres de sus guías. Es un hombre de círculo riguroso: "Si vivías al lado de la basura, terminarás oliendo a basura; si vivías junto a una perfumería, olerás a perfume".
Más allá del bisturí
Morales defiende la medicina como un apostolado social y sostiene que no hay ni debe haber divorcio entre la medicina pública y la privada, abogando por un sistema de seguridad social tan sólido que una persona pueda atenderse en alguno de los dos sistemas sin que eso signifique morir en el intento. Para él, trabajar en la CHET no es solo un empleo, es una trinchera. "El hospital público es el corazón de la sociedad; aquí el paciente no es un número, es un ser humano que pone su vida en tus manos cuando más vulnerable se siente". Su gestión se basa en la escucha activa y en el respeto absoluto a la dignidad del paciente. Cree fervientemente que la salud pública debe ser gestionada con estándares de clase mundial. "La pobreza no debe ser un techo para la salud", sentencia. Su estilo de mando es directo y exigente, porque sabe que en el sector público la improvisación no tiene lugar.
El éxito tuvo un costo personal
Años de soledad académica, sintiéndose el "soltero incómodo". Hoy, su corazón late a otro compás. Ha reunificado a su familia y su hija menor es su mayor motor. Al mirar atrás, Armando reconoce que la ausencia de su padre marcó su pasado, y hoy su dedicación hacia ella es un ejercicio consciente de redención: un esfuerzo deliberado por romper patrones, estar presente y brindar el tiempo y la guía que, por las circunstancias de una vida de lucha, no pudo ofrecer a sus hijos mayores. Es su manera de sanar la historia, un día a la vez.
Morales es un híbrido entre ciencia pura y una filosofía en latín: Hic mors gaudet succurrere vitae ("Aquí la muerte socorre a la vida"). Es también uno de los pioneros de ozonoterapia discal, aplicable para evitar las cirugías con resultados inciertos. "La mayoría de las enfermedades son, esencialmente, una falla de oxígeno".
La bitácora de una vida, desglosada en cuatro letras del ABCDiario
- M de Mentores: La cadena de gratitud que cierra el círculo cuando el alumno salva a su maestro.
- O de Oxígeno: Su filosofía de curación; la falla que, en medicina y vida, radica en la falta de aire, visión o esperanza.
- P de Pionero: El estatus de quien rompe el techo de cristal de su barrio para conquistar un mundo ajeno, destacando como el primer venezolano con certificación neuroendovascular.
- R de Radiación: La advertencia sobre las influencias; el principio de que somos el promedio de nuestras cercanías.
Al frente de la jefatura de servicios, Armando (@dr.neuroamorales) es la prueba de que cuando la ciencia se amalgama con la voluntad de quien aprendió a caminar solo, se alcanza la verdadera plenitud.
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Nohiria Oliveti