Alejandro J. Sucre: Venezuela aliado estratégico de Occidente
Opinión

Alejandro J. Sucre: Venezuela aliado estratégico de Occidente

No se trata únicamente de una ventaja comercial. Es una herramienta de poder estratégico
20 de julio de 2026
Opinión.- Durante décadas, China construyó silenciosamente uno de los instrumentos de poder geopolítico más importantes del siglo XXI: el control de la cadena global de suministro de minerales críticos y tierras raras.

Hoy, Pekín domina gran parte de la producción, refinación y procesamiento de minerales indispensables para la fabricación de semiconductores, inteligencia artificial, satélites, radares, sistemas militares, telecomunicaciones, vehículos eléctricos, baterías, drones y equipos aeroespaciales.

No se trata únicamente de una ventaja comercial. Es una herramienta de poder estratégico.

China ha consolidado esa posición mediante subsidios estatales, manipulación de mercados, restricciones a las exportaciones, transferencia forzada de tecnología y una política industrial diseñada para convertir las cadenas de suministro en instrumentos de influencia política.

Estados Unidos y sus aliados finalmente han comprendido que la seguridad nacional del siglo XXI dependerá tanto del acceso a minerales críticos como del petróleo durante el siglo XX.

La Administración estadounidense está impulsando una nueva política industrial destinada a reconstruir cadenas de suministro independientes de China.

Según artículo publicado esta semana en el WSJ, empresas como ReElement Technologies y Vulcan Elements, con el apoyo del Departamento de Defensa, están desarrollando nuevas tecnologías capaces de procesar tierras raras y minerales críticos dentro de Estados Unidos, utilizando procesos más eficientes, flexibles y ambientalmente responsables.

El objetivo no consiste únicamente en reemplazar las importaciones provenientes de China.

La verdadera meta es construir un ecosistema completo de producción, refinación y fabricación entre Estados Unidos y países aliados que garantice seguridad económica, tecnológica y militar durante las próximas décadas.

Mientras gran parte del debate internacional continúa concentrándose exclusivamente en el petróleo venezolano, existe un activo aún menos desarrollado pero potencialmente igual de importante: su enorme riqueza mineral.

Venezuela posee importantes reservas de hierro, bauxita, níquel, oro, cobre, fosfatos, sílice, caolín y otros minerales estratégicos. Diversos estudios también indican un importante potencial geológico para minerales críticos, cuya exploración moderna continúa siendo limitada debido a décadas de falta de inversión.

En un contexto internacional donde Occidente busca diversificar sus cadenas de suministro, Venezuela podría convertirse en uno de los principales socios estratégicos del hemisferio occidental. No solamente por la magnitud de sus recursos naturales sino por su ubicación geográfica, cercana a los principales centros industriales de Norteamérica.

La relación económica entre ambos países no debería limitarse a incrementar la producción petrolera. Existe la posibilidad de construir una asociación mucho más amplia basada en: Exploración moderna de minerales críticos; desarrollo de plantas de procesamiento y refinación dentro de Venezuela; transferencia tecnológica desde empresas estadounidenses; participación de inversionistas privados internacionales; fabricación de materiales de alto valor agregado para exportación; economía.

En lugar de exportar únicamente materias primas, Venezuela podría integrarse en cadenas industriales que abastezcan sectores estratégicos como defensa, inteligencia artificial, telecomunicaciones, energía y manufactura avanzada. La experiencia estadounidense demuestra que la innovación surge cuando el Estado crea las condiciones adecuadas y el sector privado aporta capital, tecnología y capacidad empresarial. Ese mismo modelo podría aplicarse en Venezuela.

Fondos de inversión especializados, empresas mineras internacionales, compañías de ingeniería y fabricantes de tecnología podrían desarrollar proyectos bajo estándares internacionales de transparencia, sostenibilidad ambiental y gobernanza corporativa. Ello permitiría atraer inversiones de largo plazo sin depender exclusivamente del financiamiento público. La recuperación económica venezolana requerirá múltiples motores de crecimiento.

La minería moderna puede convertirse en uno de ellos, siempre que se desarrolle bajo principios de sostenibilidad, protección ambiental, respeto a las comunidades y altos estándares regulatorios. Además, el desarrollo del sector impulsaría infraestructura, generación eléctrica, puertos, ferrocarriles, capacitación técnica, universidades y millas de empleos calificados.

La competencia tecnológica entre Estados Unidos y China comenzará a intensificarse durante las próximas décadas. Los países capaces de ofrecer recursos estratégicos confiables tendrán un papel mucho más relevante dentro de la economía mundial.

Venezuela dispone de recursos naturales extraordinarios, una ubicación privilegiada y la posibilidad de convertirse en un proveedor confiable para las democracias occidentales.

La nueva economía mundial ya no estará definida únicamente por el petróleo. Estará definido por quien controle los minerales que alimentan la inteligencia artificial, la defensa, la transición energética y la revolución tecnológica. Venezuela todavía está a tiempo de convertirse en uno de los protagonistas de esa nueva era.
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Alejandro J. Sucre