El 24 de junio del 2026, fecha que estará por siempre en nuestros corazones y en nuestra mente, una fuerte secuencia sísmica afectó a la región centro-norte de nuestro amado país. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, se estiman que 712.000 personas viven en estados expuestos a una mayor intensidad del sismo, como Miranda, Aragua, Yaracuy, Lara, Mérida, Falcon, Carabobo, Distrito Capital y La Guaira.
Esta última se presenta como una de las zonas más afectadas. Después de un terremoto, hasta un 63 % de las personas manifiestan desesperanza, disminución de la motivación, pérdida del apetito o de peso, fatiga, desinterés, tristeza, llanto fácil, miedo, menor competitividad motivado al impacto inmediato del desastre (momentos atemorizantes y que ponen en peligro la vida), o por las consecuencias negativas derivadas del mismo que incluye la muerte de familiares, amigos, mascotas, pérdida de la vivienda o del empleo, contribuyendo esto a una sensación de vulnerabilidad.
Después de todo esto puede aparecer el trastorno de estrés postraumático (TEPT), enfermedad de salud mental que algunos desarrollan después de un evento traumático. El miedo intenso que se genera desencadena una respuesta de lucha o huida y es la manera como nuestro cuerpo busca protegerse de los posibles peligros (liberando hormonas como adrenalina y cortisol, aumentando, así, el estado de alerta, la presión arterial, la frecuencia cardiaca y la respiración).
Hay 4 síntomas de (TEPT), pero no necesariamente son iguales para todos: 1) Reviviscencia: cuando algo le recuerda el trauma y siente miedo de nuevo; 2) Evasión: intentar evitar situaciones o personas que desencadenan recuerdos del evento traumático; 3) Hipervigilancia y reactividad: se puede observar arrebatos de ira, irritabilidad o estar atentos al peligro; 4) Síntomas cognitivos y del estado de ánimo: cambios en creencias y sentimientos (pensamientos negativos sobre usted o el mundo, sentir culpa o desinterés, problemas para concentrarse).
Estos comienzan poco después del acontecimiento traumático, o tardarse meses, y pueden ir y venir por muchos años. Es importante buscar ayuda profesional después de un evento como el que vivimos, ya que existen tratamientos para el TEPT, como la terapia de conversación, medicamentos o ambos a la vez, los cuales son individualizados según la presentación del mismo. ¡Dios nos guiará en estos momentos, les envío un fuerte abrazo!
Mirecly L. Guzmán Ramos
Especialista en medicina interna y cardiología
PhD en Ciencias Médicas
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