No hay nadie en esta tierra que sepa más de dolor y aflicción que nuestro Jesucristo, por eso puede dar consuelo y paz a los que le buscan. Es tiempo de buscarlo, que tus pies se dirijan a él...
Opinión.- No es fácil escribir en estos días, Venezuela está de luto. Después del 24 de junio, Venezuela cambió. Se recordará esta fecha, quedará en nuestra memoria como el día donde en un abrir y cerrar de ojos, miles de vidas fueron arrancadas de esta tierra, seguramente ni imaginaban que el reloj de la cuenta regresiva ya había sido activado.
La Venezuela sobreviviente está herida y molida, sufre con dolores de parto por sus hijos, por sus familias, por sus niños y jóvenes. Una herida profunda, inolvidable, que será escrita con temblor en los libros de nuestra historia. Venezuela está de luto, está bien sufrir con los que sufren y llorar con los que lloran, está bien ayudar y consolar, está bien llevar la carga de otros, es necesario el amor para sanar las heridas.
¿Cómo enfrentar los próximos días? ¿Qué acontecerá? ¿Qué pasará con nuestro país, tan golpeado y maltratado? ¿Dónde encontrar paz? Porque se siente el vacío, la incertidumbre, el silencio de los que sufren, desvalidos y desamparados. Y tampoco debemos juzgar como fríos e indiferentes a los que buscan continuar a pesar de, porque saben que no hay otro camino sino avanzar, quizás así se llegue más rápido a ese tiempo tan anhelado de restauración, paz, bienestar y prosperidad.
Solo queda aferrarnos a la misericordia, compasión y amor de un Dios bueno que no quiere la muerte de nadie, sino la vida. Lo demostró entregando a su único hijo para muerte en una cruz, de manera que todos lo que crean en él vivan una vida abundante en esta tierra y en la eterna, que también lo expresó claramente en Ezequiel 18:32 “Pues yo no me complazco en la muerte de nadie, declarar el Señor Dios. Arrepiéntanse y vivan”. Hay un pacto de misericordia y amor que está vigente hoy, con aquellos que buscan su rostro, lo leemos en Isaías 54:10 “Porque los montes serán quitados y las colinas temblarán, pero mi misericordia no se apartará de ti, y el pacto de mi paz no será quebrantado. Dice el Señor que tiene compasión de ti”.
Pero siempre hay quienes quieren culpar a Dios de todos los males que sufre la humanidad, una forma de descargar en alguien la impotencia, esa carga que no es fácil llevar. Esto solo denota que no se conoce al Dios vivo, bondadoso y misericordioso, que se tiene una idea prestablecida de un Dios castigador, que envía males, destruye sin piedad y pasa por alto el dolor de los seres humanos. No hay nada más alejado de la verdad.
En realidad, mi intención no es defender a Dios porque él no necesita quien lo defienda, sino guiarles en la búsqueda del consuelo, la paz y la sanidad que solo Dios puede dar. De esta manera terminar de la confusión para que se pueda encontrar refugio en el único que sí tiene el poder para darlo.
Dios ha buscado la forma de acercarse a los hombres y advertirles, pero muchos no oyen, tiene un corazón endurecido y entenebrecido, no prestan atención, separándose más y más de un Dios que quiere bendecir a su pueblo, darles un futuro glorioso como lo expresa en Jeremías 29:11.
Porque Yo sé los planes que tengo para ustedes”, declara el Señor, “planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza.
Nuestra esperanza y nuestro futuro glorioso como país llegará cuando nos volvamos de todo corazón al Señor, el sanará nuestras heridas, enjugará toda lágrima, nos acompañará en el dolor y nos compensará por los años de aflicción que hemos vivido como nación. Solo tiene bondad para entregarnos, sanidad y prosperidad. Todo esto lo ha prometido, está escrito a la espera de un pueblo que le crea, se humille, lo busque y deje sus malos caminos.
Termino compartiéndote unas palabras hermosas de Dios que seguramente consolarán tu corazón y podrás compartir a otros que tienen temor o angustia. Isaías 41:9 No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
Cuando ores, entrega todas tus cargas, aflicciones y dolores, porque él puede darte alivio aun en el momento más difícil. Recuerda lo que dijo Jesús en Mateo 11:28 Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar.
No hay nadie en esta tierra que sepa más de dolor y aflicción que nuestro Jesucristo, por eso puede dar consuelo y paz a los que le buscan. Es tiempo de buscarlo, que tus pies se dirijan a él...
Apóstol Julie de Romero
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