Cristo nos habla varias veces de la persecución a la cual puede estar sometido el cristiano que le sigue y da testimonio de Él
Las palabras del Señor son muy claras: no temamos a los hombres, el Padre nos tiene tan cuidados y vigilados que cada cabello de nuestra cabeza está contado. (cf. Mt. 10, 26-33)
Cristo nos habla varias veces de la persecución a la cual puede estar sometido el cristiano que le sigue y da testimonio de Él.
En una de estas citas (Mt. 10, 17-33) el Señor comienza por anunciar persecuciones de parte de los gobernantes. Nos dice que no nos preocupemos cuando se nos juzgue, pues “no van a ser ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de su Padre hablará por ustedes”. Seremos objeto de persecución hasta por parte de nuestra propia familia. Y termina sentenciando: “A causa de mi nombre, ustedes serán odiados por todos, pero el que se mantenga firme hasta el fin se salvará”.
El Señor dice que no temamos a los hombres, que no tengamos miedo de predicar lo que El nos ha pedido. Que no temamos a las persecuciones. Ni uno solo de los pájaros cae a tierra si no lo permite el Padre Celestial. A nosotros el Padre nos tiene tan cuidados que cada cabello de nuestra cabeza está contado (cf. Mt. 10, 26-33).
“Bienaventurados los perseguidos a causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Suele interpretarse como si se refiriera a los enjuiciados que están en las cárceles justa o injustamente. Pero se nos olvida que “justicia” en el contexto bíblico significa “santidad”.
“Dichosos ustedes cuando por causa mía los maldigan, los persigan y les levanten toda clase de calumnias. Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el Cielo.” (Mt. 5, 10-11).
Dios da fortaleza especial ante las persecuciones, pero no nos pide que seamos indiferentes ante el sufrimiento de la persecución. Lo que nos dice es que confiemos que el Padre cuida a todo aquel que es verdadero seguidor de Cristo... que ¡hasta tiene contado cada cabello de nuestra cabeza!
Esa confianza nos hará fuertes en las luchas y en las persecuciones. Y la necesitamos para llevar su palabra a donde Él lo requiera y a quien Él disponga -sin importarnos el riesgo que esto pueda significar.
Y el premio que Él nos promete es nada menos que el Reino de los Cielos, la Vida Eterna en gloria con Él, para siempre.