S de Siseo: Cuando mamá mandaba más que un smartphone
Opinión

S de Siseo: Cuando mamá mandaba más que un smartphone

14 de junio de 2026
Opinión.- Hoy vamos a sisear; paren la oreja. Si pasaste los 50, sabes que el pst era la llave maestra de la complicidad y el sonido oficial de la adrenalina: código secreto para lanzar el chisme o llamar a un amigo desde la acera de enfrente sin que el vecino entrometido se enterara. Una frecuencia analógica que conectaba sin intermediarios, sin necesidad de Wi-Fi, basada pura y exclusivamente en la cercanía física.

Pero luego estaba el ¡chis! de mamá o papá desde la cocina o la sala. Si el pst era la mano extendida que te invitaba a entrar en su mundo, el ¡chis! era el freno de mano puesto en seco. La RAE dice que son onomatopeyas, pero nosotros sabemos que es un umbral de respeto que te recorre la espalda, una advertencia sísmica que te ponía los pelos de punta antes de que supieras exactamente qué habías hecho mal.

​Anatomía de una ejecución: ¿Cómo suena la autoridad?

Ejecutar un chis de mando es un arte perdido, una técnica que no se enseña en manuales, sino que se heredaba por observación. Mamá está en la cocina, tú haces algo indebido —tal vez pasar el dedo por el glaseado de la torta, hablar "golpeado" o interrumpir una conversación de adultos— ella corta el aire: contracción abdominal, labios apenas entreabiertos y una expulsión de aire a alta presión, como un frenazo de caucho contra el asfalto caliente. Hagan la prueba: lengua tras los dientes, mandíbula apretada y lancen ese chis seco. ¿Sintieron el impacto? Es física pura aplicada a la crianza; un mecanismo sin baterías ni actualizaciones, desplazado hoy por el pitido agudo y constante del teléfono inteligente.

​Jerarquía del sonido: ¿Pst o Chis?

Como sugieren estudios sobre fonética articulatoria y la naturaleza expresiva de los sonidos, recogidos por el Instituto Cervantes, las sibilantes poseen una carga emocional que el lenguaje escrito apenas logra capturar. En nuestra gramática familiar, el chis es el senior: el administrador de la autoridad que impone orden y truena para asegurar quién manda. El pst es el junior: un llamado cómplice que busca atención, el compañero de aventuras. En resumen: el chis te obliga a detenerte y el pst invita a acercarte.

Aquel siseo de culebra congelaba la sangre porque no pedía permiso: imponía una gramática de autoridad clavada en la nuca. Para el chamo de hoy, inmerso en la inmediatez, estos sonidos son una reliquia "insoportable", refieren. Hemos cambiado la calidez de la cercanía del susurro por la frialdad de la pantalla, víctimas de la dictadura del like. Registramos hasta la foto de la comida, hacemos prioritario publicar un perro caliente a todo color, mientras olvidamos una verdad sencilla: las mejores historias no son las que se publican, sino las que todavía sabemos decirnos al oído, aquellas que no dejan huella digital porque viven solo en la memoria.

​Bajo esa premisa, mi glosario de este caos comunicativo actual:

​M de MUTE: El botón que aplicamos a la vida cuando el ruido exterior nos supera. Estamos mudos frente a frente en una mesa, pero "hablamos" frenéticamente por pantalla. Es la paradoja de estar conectados con el mundo y desconectados del que tenemos al lado.
​C de CHALEQUEO: Nuestra institución nacional. El arte de la burla ingeniosa y el relajo sano que, para los de 20, parece un terreno minado donde la risa y el conflicto se confunden, olvidando que reírse del otro (y de uno mismo) era nuestro pegamento social.
D de DING: El sonido metálico que hoy manda en nuestra atención, recordándonos que estamos enganchados a un sistema que guarda más secretos que los que nuestra madre jamás sospechó. El ding no avisa, exige.
​V de VISTO: El nuevo punto final. Ese silencio tecnológico, frío y cortante, que le duele al ego más que cualquier despedida presencial. Es, sin duda, el elemento más detestable.

​Tal vez perdimos el valor de la pausa. No es que los de 50 hablemos "viejo" o los de 20 hablen "raro"; es que hemos cambiado la modulación humana por el código binario. El chis nos obliga a un stop reflexivo, y el ding nos lleva arrastrados como hojas al viento; a veces siento que los de +50 estamos "jodidos" en este nuevo ecosistema, ja ja ja. (Otra onomatopeya, esta vez de resignación).

​Este domingo, si escuchas un pst en la calle, detente. Quizás es alguien rescatando la humanidad atrapada entre tanto mute y visto. Y si mamá vuelve a hacer ¡chis! desde la cocina… ¡corre, que el regaño sigue siendo el mismo! Es tecnología analógica de crianza, propiedad privada de la gente de antes que no necesita circuitos porque funciona con pura autoridad, tal como la recordada chancleta voladora. Ese proyectil, que también tenía su propio "silbido" aerodinámico antes del impacto, era el complemento perfecto de la advertencia sonora. Ese es un lenguaje ancestral que ningún algoritmo podrá decodificar jamás.

​¡Los leo! ¿A ver quién gana: el susurro cómplice o el ding electrónico? Por favor, no me dejen en visto, que eso sí que no tiene perdón de Dios y me obliga a lanzar un chis desde aquí mismo.
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Nohilia Oliveti