La rosa y la espina
Opinión

La rosa y la espina

6 de junio de 2026
Opinión.- Parece una historia inocente pero no lo es. Su apariencia de cuento infantil resguarda una de las reflexiones más profundas sobre temas como el sentido de la vida, la soledad, la amistad, el amor y la pérdida. Tal vez allí reside el encanto de esta obra maestra que sigue fascinando al mundo 73 años después de ser escrita. Nos referimos a El Principito del escritor frances Antoine Saint-Exupery (1900-1944), que se ha convertido en un clásico absolutamente atemporal.

Otra clave de su misterioso atractivo es que se trata de una autobiografía enmascarada, ya que, en el fondo, no es más que un relato de su atormentada relación matrimonial que duró 13 años y en la que su esposa está representada en La Rosa, el otro personaje principal, inspirado en Consuelo Suncín-Sandoval Zeceña, nacida en Armenia, El Salvador, en 1901. Provenía de una familia acomodada, dueña de tierras y cafetales en su ciudad natal, y recibió educación en el exterior, específicamente en San Francisco, en Ciudad de México y en Francia. Se dedicaba a la pintura y a escribir poesía. Era una mujer muy interesante, seductora, menuda, atractiva y de gran formación intelec. 

En 1927 murió su esposo, el escritor periodista Enrique Gómez Carrillo, y ella, viuda con 25 años, decidió marcharse a Buenos Aires para vivir de la pensión de su segundo marido, que también contaba con una importante fortuna. Consuelo conoció a Antoine de Saint-Exupéry en la capital argentina, en 1930. Él trabajaba allí como piloto comercial de servicios de mensajería. El flechazo fue instantáneo.

Al año siguiente, ambos se casaron y ella se convirtió en la condesa Consuelo de Saint-Exupéry. Pero tuvo muchas dificultades para ser aceptada por los círculos aristocráticos franceses que la etiquetaron de “inmoral” por ser divorciada y viuda. Rechazo que también venía de la familia clasista de su marido.
Consuelo escribió en 1945, unos año después de la desaparición del escritor, “Memorias de la rosa”, un manuscrito sobre la relación de la pareja que permaneció oculto por décadas y fue descubierto por casualidad varios años después de su muerte, en 1979, y publicado en el año 2000. Allí, ella cuenta que Antoine de Saint-Exupéry era un hombre egoísta, infantil, cruel, que tenía numerosas amantes y que la relación entre ambos era tormentosa. El libro es una confesión sobre su relación, y provocó una conmoción porque Saint-Exupéry era considerado un santo. A partir de esta confesión, muchos críticos consideran que “El principito” es una alegoría de la propia vida de Saint-Exupéry, de sus incertidumbres y su búsqueda de paz interior. Y también, una alusión a la atormentada relación con Consuelo, que fue la musa que inspiró a la rosa de “El principito”.

“La rosa es Consuelo. Los tres volcanes son los volcanes de El Salvador. Los baobabs son las ceibas a la entrada del pueblo de Armenia, en El Salvador. La rosa que tose es Consuelo, que padecía de asma, que era frágil y por eso está protegida bajo una campana de cristal”, describe la escritora francesa Marie-Helene Carbonel, en su biografía “Consuelo de Saint-Exupéry, una novia vestida de negro”.
 
Para esta autora se quiso presentar “El principito” como un cuento para niños pero, en realidad, es un libro que Antoine de Saint-Exupéry escribió para pedir perdón a Consuelo, quien al final de sus memorias, señala: “Los pétalos de esa rosa cayeron hace tiempo. Aquí están sus espinas”.
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Arnaldo Rojas