El hombre fue creado con un diseño claro, construir y administrar. Antes del pecado ya existía el trabajo, la responsabilidad, la productividad y proteger lo que tenía valor
Opinión. - En el libro de Génesis 2:15 la Biblia dice “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase”. El hombre fue creado con un diseño claro, construir y administrar. Antes del pecado ya existía el trabajo, la responsabilidad, la productividad y proteger lo que tenía valor. Encontramos en la Biblia hombres como Noé, Abraham, Moisés Salomón, entre otros, construyendo tabernáculos, templos, arcas, ciudades, sociedades.
Pero el principal llamado y responsabilidad del hombre es el de formar familias, transmitir identidad y levantar herencia espiritual. Abraham construyó un linaje de fe. La verdadera riqueza de un hombre está en construir un legado multigeneracional. El hombre debía construir altares para Dios, porque un hombre que no edifica su vida espiritual y las de los suyos, difícilmente sostendrá otras cosas.
Sin embargo, el hombre actual experimenta un “desvanecimiento de su propósito fundamental”. Transitando una desconexión que va más allá de lo económico y que afecta directamente su capacidad innata de construir vida espiritual, familias estables y trascendencia social. Desde una perspectiva global, sociólogos, psicólogos y demógrafos coinciden en que a este fenómeno de aislamiento y pérdida de rumbo en el plano real se le conoce en la investigación social y psicológica como la “retirada masculina global”.
Los indicadores muestran “El colapso del constructor de familia”. Entre estos se identifican: 1. La desconexión matrimonial: Datos globales del Centro de Investigación Brookings Institution (analizados por el investigador Richard Reeves) revelan un descenso marcado en las tasas de nupcialidad y un aumento del aislamiento. En Occidente, los hombres jóvenes se involucran un 30 % menos en relaciones de pareja formales a largo plazo en comparación con las generaciones de hace tres décadas. 2. Los hogares sin padre: Millones de niños crecen sin una figura paterna constante. La falta de estabilidad financiera e identitaria ha hecho que el varón abandone, voluntaria o involuntariamente, su posición de anclaje relacional, dejando un vacío estructural en el desarrollo de la siguiente generación.
“La erosión del constructor espiritual y trascendencia”: 1. El abandono de la fe organizada: Los hombres jóvenes asisten entre un 25 % y un 40 % menos a templos o comunidades de fe que las mujeres de su edad. 2. Materialismo y pérdida del legado. Al debilitarse su conexión con lo trascendente, el varón contemporáneo ha sustituido la búsqueda del legado por el consumo inmediato y el hedonismo, perdiendo la noción de edificar algo que lo vuelva trascendente.
“El debilitamiento del constructor de sociedades”. 1. La deserción masculina de las instituciones educativas clave está impidiendo que el hombre colabore en el andamiaje del futuro colectivo. Al no educarse, los hombres quedan fuera de los espacios donde se “construyen” las leyes, la cultura y la ciencia. 2. La renuncia social (El fenómeno Hikikomori global): Lo que nació en Japón como jóvenes encerrados en sus habitaciones es ya una epidemia global de aislamiento. Se estima que millones de varones jóvenes en todo el mundo se han desconectado por completo del tejido social formal, refugiándose en entornos digitales. El porcentaje de hombres que confiesan no tener ni un solo amigo cercano se ha quintuplicado desde la década de 1990, alcanzando al 15 % de la población masculina total. 3. La falta de esperanza se refleja en las “muertes de desesperación”. A nivel mundial, los hombres cometen el 75 % de los suicidios totales, y en América la cifra llega al 80 % (4 veces mayor que las mujeres). Asimismo, registran más del doble de sobredosis fatales por abuso de sustancias.
La crisis de masculinidad que vive esta generación comenzó por la pérdida del propósito eterno. Muchos hombres aprendieron a construir dinero, placer o posición, pero no aprendieron a construir desde la identidad, propósito y comunión con Dios.
En Juan 6, Jesús confronta a una multitud que buscaba pan temporal, pero ignoraba el pan eterno. Allí está una de las raíces de la crisis masculina moderna: hombres trabajando intensamente por lo que perece, mientras descuidan lo que permanece. Jesús dijo: Trabajad, no por la comida que perece en Juan 6:27.
Un hombre construye verdadera riqueza cuando: Edifica carácter antes que cuentas bancarias; desarrolla dominio propio antes que influencia; forma una familia saludable; deja principios y no solo propiedades; invierte en sus generaciones. Vive conectado al propósito eterno. El hombre construye riqueza cuando Cristo es el centro de la satisfacción masculina. Juan 6:35. ¿Estás listo para seguir este camino?
Apóstol Julie de Romero
@juliederomero
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