El dolor humano no es resultado de Dios, pero sí despierta su inmenso amor y hace que Jesús te intercepte
Opinión.- Salía por la puerta de la ciudad de Naín una procesión fúnebre, una gran multitud acompañaba a una viuda, madre de un joven muerto, que era también hijo único. Un cuadro triste y muy contrastante con el nombre de la ciudad que significaba verdes pastos o hermoso. Es una escena dolorosa, desesperanzadora, que quiebra el alma y deja más preguntas que respuestas.
Allí iba esa madre, llevando su hijo que no debía haber muerto, ella esperaba que un día su hijo la llevara a ella y sucedió todo lo contrario. En ese ataúd iban su fuerza, su esperanza, su virtud, su futuro y ahora ¿qué le quedaba? Ella hubiera hecho todo por estar en su lugar, para eso están diseñadas las mamás, para entregarse completamente y darlo todo por sus hijos. Incluso, su desgaste se compensa cuando los ve triunfar, felices, alcanzando metas. Una madre siempre está conectada con sus hijos, en las alegrías y en las tristezas. Nunca se deja de ser madre. No se van, aunque todos abandonen, tiene la capacidad de drenar el dolor con sus lágrimas para luego absorber más. Es divino, asombroso y perfecto.
Allí la vio Jesús, ella salía con nada y el entraba con todo, la vida y la muerte se encontraron en una puerta donde las cosas se deciden, era una invitación para el milagro, la muerte no se podía enseñorear de la puerta de la ciudad hermosura. Y para esto vino Jesucristo, para destruir el imperio de la muerte, vino a dar vida en abundancia, a cambiar destinos, a dar nuevas oportunidades.
Esa madre desgarrada no tenía fuerzas siquiera para pedir un milagro, fue solo el susurro de su dolor, fue el gemido de su corazón, quizás pensó clamar a Jesús, pero a lo mejor el dolor no la dejaba pensar, solo estaba adormecida, un dolor que no cesa, un vacío que quita palabras y obnubila la mente.
Esa escena era el cuadro representativo de la cruz, una madre viuda como lo era María, un hijo muerto como lo fue Cristo en la Cruz, sí, una escena adelantada, donde Jesús era el hijo muerto y María la viuda de Naín. Pero Cristo lo hizo una vez más, detuvo la procesión, interceptó la muerte y dio vida, así como tomó nuestro lugar, murió por nosotros, nos resucitó en él, se entregó para que ni tú ni yo, ni la viuda de Naín sufriera dolor.
La compasión, producto del dolor humano, brotó de Jesús. A él sí le interesa tu dolor, tu situación, se conduele con los que están sufriendo. La compasión por esa madre que sufría lo indecible por su hijo muerto, por esa madre que humanamente no pudo impedir que su hijo muriera, provocó el milagro. El dolor humano no es resultado de Dios, pero sí despierta su inmenso amor y hace que Jesús te intercepte.
Jesús tocó el féretro para detener la muerte. El féretro es todo aquello que se lleva sobre los hombros donde se guarda el dolor, la desesperanza, el infortunio, la soledad, los recuerdos tristes. Por eso Jesús tocó el féretro, porque ese ataúd debe ser bajado de los hombros, debe llegar hasta allí, no puede avanzar más, debía ser vaciado y deshabilitado. Hay cosas que se deben detener, no darle más lugar en la vida, porque simbolizan muerte, dolor y destrucción. Stop, le dijo Jesús, de aquí no pasas, le puso límite, lo sentenció.
Jesús también le habló, “Joven, a tí te digo levántate”; porque sus palabras son vida, ellas tienen poder de dar vida y resucitar. Por lo tanto, háblale vida a lo que parece muerto, tu matrimonio, tu economía, tu salud. Todo lo que esté muerto vivirá en el nombre de Jesús. Él es la resurrección y la vida.
El joven se levantó, habló, recuperó sus habilidades, su conciencia, su vida natural, productiva, pensante y Jesús se lo regresó a su madre. Un regalo para su madre, un hijo sano, un hijo vivo, un hijo nuevo. Fue el mejor día de las madres. Así recibirás noticias de cómo Jesús está tocando a tus hijos y transformándolos en hijos nuevos.
El mejor día de las madres es cuando Jesús toca a tus hijos, los transforma y los trae de vuelta a ti. Puede suceder hoy. Jesús está a la puerta, hay un milagro anunciado. ¡Feliz día de las madres!
Apóstol Julie de Romero
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