"Santo padre, le envío este poema mío: Un ateo que ama a Dios", reza el texto. "Me gustaría que me ayudara. ¿Cómo es posible considerarse ateo y amar a Dios? Siento esta necesidad de amar a Dios, pero me considero ateo. ¿O tal vez creo serlo y en el fondo busco a Dios?", añade.
El sumo pontífice le agradeció el hecho de que le escribiera y por el hermoso poema, detallando que lo que afirma en su carta le ha hecho recordar inmediatamente las palabras de San Agustín de Hipona en sus "Confesiones", cuando dice "Tú estabas dentro de mí, y yo fuera. Y allí te buscaba".
"Estas palabras bastan para decirle que no puede ser ateo quien ama a Dios, quien lo busca con corazón sincero", continúa León XIV. Y agrega que "el verdadero problema de la fe no es creer o no creer en Dios, ¡sino buscarlo!".
"Él se deja encontrar por el corazón que lo busca y, tal vez, la distinción correcta que hay que hacer no es tanto entre creyentes y no creyentes, sino entre buscadores y no buscadores de Dios.[…] se puede creer que no se cree y ser ardientes buscadores de su rostro, amarlo como lo hace usted", concluye.