El pontífice permanece ingresado por decimosexto día consecutivo, tras su hospitalización el pasado 14 de febrero por una bronquitis con infección polimicrobiana a la que se sumó una neumonía bilateral.
En los últimos días, el pontífice había experimentado una ligera mejoría y había dejado atrás la fase más crítica, hasta que la víspera sufrió un broncoespasmo que causó un empeoramiento "repentino" de su cuadro respiratorio.
Ahora los médicos necesitan entre 24 y 48 horas para valorar su efecto y si esto agravará su situación, pese a que por ahora no ha tenido más crisis tras la acontecida este viernes.
La Santa Sede mantiene que el cuadro médico del papa, de 88 años, sigue siendo complejo, y el pronóstico es aún reservado.