La Fiesta del Sacrificio, que comenzó el pasado sábado, representa una de las celebraciones más importantes de Turquía, un país de mayoría musulmana de casi 85 millones de habitantes.
Esta celebración recuerda la obediencia del profeta Abraham, dispuesto a sacrificar a su hijo Ismael por orden divina, aunque dios sustituyó al final al niño por un cordero.
Tradicionalmente, las familias turcas que pueden permitírselo sacrifican un animal, como una oveja, cabra o vaca, y dividen la carne en tres partes: una para los necesitados, una para compartir con familia y amigos, y la última para consumo personal.