Destacó que alrededor de la isla "se ha construido una red de sanciones y presiones coercitivas que restringe el funcionamiento del país y que se está convirtiendo en genocidio". La situación a la que se enfrenta Cuba, advirtió, podría ocurrirle a cualquier país del mundo: "Lo que podría sucederle a Cuba hoy, y lo que ya ha sucedido en Venezuela y Gaza, podría sucederle a cualquier nación".
No se trata de ninguna concesión
Al mismo tiempo, el mandatario cubano aseveró que las transformaciones económicas y sociales que la isla pondrá en marcha para hacerles frente a las más recientes arremetidas de EE.UU. no son concesiones a Washington ni un abandono del proceso de construcción socialista en el país caribeño.
"Estados Unidos no tiene autoridad moral para pedirnos ninguna concesión, ni estamos dispuestos a hacer ninguna. Las 176 medidas económicas anunciadas son el resultado de un debate de perfeccionamiento que se ha prolongado durante más de diez años", subrayó, agregando que los principales medios de producción continúan en manos del Estado, "como representante del pueblo".
El cerco contra Cuba
Washington mantiene un bloqueo económico y comercial contra la isla desde hace más de seis décadas. Desde que Trump asumió su segundo mandato, en enero de 2025, la Administración estadounidense ha endurecido sus medidas de asfixia contra Cuba.
Esta política extraterritorial ha estado acompañada de serias amenazas, en las que Trump ha manifestado su disposición a utilizar la fuerza si fuera necesario para derrocar al Gobierno cubano, que denuncia estas acciones como un "genocidio".
La Administración Trump, que mantiene activo un despliegue militar en el Caribe con tropas del Mando Sur de EE.UU., ha admitido en reiteradas ocasiones que su objetivo es impedirle a La Habana cualquier tipo de ingresos económicos, e incluso bloquear el suministro de petróleo, clave para sus necesidades energéticas.
La situación afecta gravemente la economía de la isla, que en los últimos meses ha sufrido el impacto de un bloqueo multidimensional reforzado con numerosas medidas coercitivas de la Casa Blanca, y pone en peligro servicios fundamentales como el abastecimiento de combustible, electricidad, salud, educación, transporte, alimentos y turismo.