Jorge Mas, líder anticastrista: "Lo que hizo Trump con Venezuela funciona en Venezuela, pero no sirve para Cuba"
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Jorge Mas, líder anticastrista: "Lo que hizo Trump con Venezuela funciona en Venezuela, pero no sirve para Cuba"

El empresario, dueño del Inter de Messi y referente del exilio de Miami, trabaja en sintonía con la Casa Blanca para acelerar el cambio en la isla
17 de mayo de 2026
Internacional.- Jorge Mas Santos (Miami, 63 años) es un referente del exilio cubano en Estados Unidos. Lo es por su pasado —como hijo del histórico Jorge Mas Canosa, fallecido en 1997 y promotor de la ley Helms-Burton que endureció el embargo estadounidense contra la isla— y lo es por su condición actual: presidente de la Fundación Nacional Cubano Americana, mayor accionista de la compañía de ingeniería e infraestructuras MasTec, que cotiza en la Bolsa de Nueva York, y dueño del Inter de Miami de Lionel Messi, estrella a la que trajo a la ciudad en 2023.

Quiere seguir siendo un referente también en el futuro, a base de plantear escenarios posibles para una Cuba poscastrista, tarea que ha intensificado tras la operación militar con la que Estados Unidos secuestró en enero al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Aquello marcó el inicio de una presión sin precedentes de Washington a La Habana por el método de la asfixia petrolera, que ha llevado a la isla al borde del colapso y ha sentado a sus dirigentes a la mesa de negociación. Incluso, en una imagen insólita, frente al director de la CIA, John Ratcliffe, que visitó La Habana el pasado jueves en un gesto que Mas interpreta como “parte de una estrategia muy clara del presidente, Donald Trump, y del secretario de Estado, Marco Rubio”.

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Al día siguiente de esa reunión, Mas atendió a EL PAÍS por teléfono desde Miami. Antes había compartido dos documentos. Uno de ellos se titula Hoja de ruta para una Cuba próspera, democrática y de libre mercado, y propone, entre otros muchos puntos, modernizar el sistema bancario de la isla, erradicar el impuesto de la renta, promover exenciones fiscales para empresas participadas en al menos un 10% por capital nacional o apostar por el sector farmacéutico y militar y por la industria pesada.

El otro es un “proyecto de Ley Fundamental para la transición democrática”. Redactado en colaboración con la Asociación de Abogados Cubanoestadounidenses, es un ejercicio de derecho comparado, tiene 28 páginas y el aspecto de una Constitución, con preámbulo, 115 artículos y nueve disposiciones transitorias.

Conocido más por su fortuna y por sus aventuras deportivas y empresariales que por su implicación política, la aparente inminencia de un cambio en Cuba ha implicado a Mas —que nunca ha querido pisar Cuba pero espera hacerlo pronto— en un proceso en el que, dice, está en sintonía (y en colaboración) con el Gobierno estadounidense. “Todo está yendo muy rápido. Estamos hablando de meses”, advierte.

Pregunta. ¿Cuántos meses?

Respuesta. Puede ser de un día para otro. Yo calculo que antes del fin de verano. Tal vez ni eso. En semanas veremos cambios. La situación es insostenible. El sistema no funciona. [Cuba] Es un Estado fallido, incapaz de proveer al ciudadano de cosas simples: comida, electricidad, agua, ademas de oportunidades, sueños, trabajo... de un futuro.

P. Trump ha dicho que esperará a “terminar con Irán” antes de “tomar Cuba”, aunque esa crisis parece enquistada, y, por el contrario, esta semana todo parece haberse acelerado en su estrategia en la isla.

R. El presidente y el secretario Rubio han dicho que van a darle una oportunidad, pero está claro que no creen que tengan la capacidad de un cambio que es necesario.

P. ¿Descarta una intervención militar?

R. Eso no me toca a mí decidirlo, u opinar, pero yo creo que no se puede descartar ninguna opción sobre lo que se pueda o no hacer en Cuba.

P. Usted viajó en marzo a Washington y, en calidad de propietario del Inter de Miami, campeón de liga, se vio con Trump. Hablaron de Cuba. ¿Qué conclusión sacó de aquel encuentro?

R. En privado, tuvimos conversaciones sobre la isla. Rubio, como sabe, es uno de los nuestros aquí en Miami. Nuestra amistad se remonta a hace casi 30 años. Todos remamos en la misma dirección y estamos muy, muy alineados con lo que se necesita en Cuba para que prospere.

P. Rubio ha hablado de la posibilidad de un cambio solo económico. Pero el miércoles expresó en Fox News su escepticismo sobre “alterar la trayectoria de Cuba mientras esas personas estén al mando”.

R. Su incompetencia obliga a un cambio político de liderazgo completo. La reconstrucción económica obviamente tiene que verse precedida del establecimiento de un Estado de Derecho. En realidad, hay que empezar de prácticamente cero, porque el sistema y la estructura política no funcionan. Fuera de la isla existe una capacidad extraordinaria para aportar a esa reconstrucción, como demuestran los cubanos que han tenido éxito aquí, empezando por Rubio.

P. ¿Qué propone para salvar esa descompensación, económica y social, entre los cubanos de dentro y los de fuera?

R. Todo esto es para el beneficio y el bienestar de los cubanos de dentro. Obviamente, los que estamos afuera podemos aportar conocimiento, esfuerzo, trabajo, recursos económicos. Soy un gran creyente en el futuro de la isla, y en que ese futuro va más allá de montar hoteles y del turismo de playa. Hay que empezar por reconstruir la infraestructura, los puertos, los aeropuertos, así como el poder civil en las ciudades y municipios. También hay que poner a funcionar el sistema de salud.

P. En la hoja de ruta hablan de una sanidad fundamentalmente basada en la iniciativa privada. ¿Sería un modelo parecido al de Estados Unidos?

R. No, es una combinación de modelos. Tiene que haber actores privados, pero con un derecho universal social. Pueden ser sistemas privados, pero sin coste para el ciudadano, que accedan a unos vouchers [bonos] y que estos los pague el Estado. Es un híbrido que se da en muchos países. El sistema de Estados Unidos todos sabemos que no necesariamente funciona.

P. Su “carta fundamental”... ¿es el borrador de una Constitución cubana?

R. Es un marco legal pensado para responder al gran interés de muchos inversores extranjeros que quieren ayudar a reconstruir. Son sugerencias para lo económico, pero también de derechos humanos, que permitan una transición hacia unas elecciones libres y una nueva Constitución. Cuba tiene que ser un Estado de Derecho.

P. ¿Esa nueva Cuba se parecerá a la anterior a la llegada de Castro [cuando gobernaba el dictador Fulgencio Batista]?

R. No. No tiene sentido volver a aquello: es un mundo distinto. Yo aspiro que sea un país de primer nivel tecnológico, una de las economías más abiertas. Tenemos a nuestra disposición el mayor mercado de consumo del mundo, Estados Unidos. Cuba tiene que beneficiarse de eso. Será una economía moderna, un sistema de Gobierno democrático, pluralista, con distintos partidos políticos. Yo hablo del milagro económico de Cuba, de un país que no se parece a ninguno del pasado, que mira hacia el futuro.

P. ¿Qué relación tendría con Estados Unidos? Está el potencial económico, pero también el riesgo de la dominación por la vía de hacer negocios a cualquier coste. La sombra del protectorado.

R. Yo veo a Estados Unidos como un gran aliado. Un tercio de la población cubana está aquí. Somos hermanos, y podemos ser socios comerciales de primer nivel. A mí no me preocupa Estados Unidos, porque es un país de una grandeza extraordinaria. No es perfecto, como no lo es ningún país, pero ha probado con la generación de mis padres, que llegó aquí sin nada, que es capaz de abrir los brazos y acogernos.

P. ¿Podría ser Cuba el Estado número 51 de Estados Unidos, como fantasea el Trump más imperialista con Canadá o Venezuela?

R. Eso es prematuro. No lo descarto, pero el futuro lo tienen que determinar los cubanos. Hay que darles esa opción y otras a través de las urnas.

P. ¿Y baraja un escenario de tutela como el de Venezuela, una Cuba dirigida desde Washington con algún tipo de versión del castrismo aún en el poder?

R. Las circunstancias de Venezuela y Cuba son muy distintas. En Cuba no existen estructuras, fuerzas institucionales que funcionen. Hace falta un cambio total del liderazgo, que puede ser desde dentro. Lo que hizo Trump con Venezuela le vino bien a Venezuela, pero no sirve en Cuba, porque Cuba es un Estado fallido.

P. Ya que no ve un o una Delcy Rodríguez, ¿cuál sería para usted el o la María Corina Machado de Cuba?

R. Hay muchas dentro de Cuba. Ahora no pueden hablarle al pueblo libremente sin poner en peligro sus vidas. Y esa es la diferencia. En Venezuela pudiste tener una Machado o unas elecciones que ella ganó. En Cuba, no, pero sí existen muchas personas que pueden ser los futuros María Corina Machado.

P. ¿Sería partidario de juzgar al castrismo?

R. Eso son decisiones que tiene que adoptar un consejo de cubanos. Lo mejor que le puede pasar al castrismo es que sea enterrado como un dinosaurio del pasado.

P. Se avecina una imputación judicial de Raúl Castro, a sus 94 años...

R. Espero un anuncio sobre la imputación el miércoles. Y está bien. Nosotros desde la fundación hemos presionado, porque es merecida, para dar justicia a las familias de los [exiliados] que fueron derribados [en 1996] en las dos avionetas de Hermanos al Rescate. Sea como sea, es una decisión del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Veremos.

P. ¿Cómo hacer emerger toda esa economía sumergida que hay en la isla?

R. La reconstrucción económica de Cuba yo la veo no fácil sino súper fácil. Hay que propiciar un marco de ley donde reine el mercado, en el que el beneficiario sea el cubano, en el que se incentive la inversión extranjera. Solamente con el exilio, y ahí yo hablo en nombre mío, que tengo una empresa bastante grande [con una capitalización bursátil de unos 32.700 millones de dólares], el capital necesario para reconstruir a Cuba no es difícil levantarlo. Si hacen falta 40, 50, 60, 70 u 80 mil millones, sea la que sea la cifra, no será un problema.

P. ¿Ese dinero lo aportará el exilio?

R. Sin duda, pero también ayudará que Cuba se abra al mundo. Los fondos de inversión también aportarán significativamente. A Cuba no le van a faltar el capital y los recursos económicos para su reconstrucción, siempre que haya un sistema que proteja esas inversiones.

P. ¿Está el exilio unido?

R. Yo llevo muchos años en esto. Jamás ha existido una relación tan estrecha, tan coordinada como la de hoy en día. Rosa María Payá [Pasos de Cambio], Orlando Gutiérrez-Boronat [Asamblea de la Resistencia Cubana] y otros que hemos llevado organizaciones de las más reconocidas estamos en comunicación constante. Todos esperamos que este sea el tramo final.

P. ¿Y si no lo es?

R. Desde que estoy enfrascado en esto, ha sido un camino lleno de decepciones. Cuando cayó la Unión Soviética, cuando murió Fidel Castro, con la salida de Raúl... Muchas veces, la libertad de Cuba pareció que estaba a doblar de la esquina. Nunca nos damos por vencidos. Yo soy un hombre de fe y este camino lo dicta Dios y nosotros somos instrumentos de eso.

P. ¿Lo vio alguna vez tan o más inminente que ahora?

R. Nunca, gracias a la convicción y el liderazgo del presidente Trump y el secretario Rubio. Se han puesto a la labor de cumplir con lo que han prometido.
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE El País