Según reportes de la radiodifusión oficial iraní, el diálogo con Europa responde a la necesidad de contar con el aval de los comandantes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), responsables de garantizar la seguridad y el dominio iraní en el estrecho de Ormuz.
Al mismo tiempo, Washington impulsa presión diplomática mediante una propuesta respaldada por Bahréin en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU), centrada en la “libertad de navegación” en Ormuz. Según Irán, el objetivo real es justificar la agresión estadounidense y preparar un escenario de confrontación más amplio.
Irán advirtió a la comunidad internacional que cualquier nación que respalde dicha resolución será considerada responsable si el conflicto se intensifica. En su declaración, subrayó que “ninguna excusa política ni cobertura diplomática puede eximirlos de la responsabilidad de facilitar, permitir y legitimar la agresión estadounidense”.
En respaldo a esta postura, China cuestionó el contenido y el momento de la resolución, señalando que no resulta adecuado ni oportuno. Esta posición refuerza la crítica hacia las acciones promovidas por Estados Unidos en la región.
La actitud de los gobiernos europeos se produce tras la escalada militar de Estados Unidos e Israel, denunciada por Irán como un masacre ocurrido el 28 de febrero, calificado como crimen de lesa humanidad.
En contraste, países como China, Japón y Pakistán, considerados no hostiles, ya han obtenido autorización para el paso seguro por el estrecho de Ormuz, lo que evidencia un trato diferenciado en la política iraní hacia los actores internacionales.
El escenario actual refleja cómo el estrecho de Ormuz continúa siendo un punto crítico en la confrontación geopolítica, donde las decisiones de Irán condicionan tanto la seguridad regional como el equilibrio energético global.