Previo a las festividades del Día de las Madres unos hombres armados dispararon en la vía pública dejando el saldo de víctimas
Internacional.- Este sábado 9 de mayo decenas de familias estaban reunidas en el barrio La Esperanza y compartían en sus calles esperando la llegada del Día de las Madres sin imaginarse que el caos y le miedo se iba desatar, luego de que unos hombres armados arremetieran contra los presentes dejando un saldo de cuatro personas muertas y varios heridos.
Entre la música, el licor y conversaciones pasaban las horas en Pueblo Viejo, Magdalena, sin embargo, en cuestión de segundos, unos hombres armados irrumpieron en motocicletas y comenzaron a disparar indiscriminadamente, dejando el fatal saldo. El ataque ocurrió en el corregimiento de Palmira, una población enclavada entre la Ciénaga Grande y el corredor que conecta a Santa Marta con Barranquilla.
Según versiones recopiladas entre habitantes de la zona, los atacantes abrieron fuego sin mediar palabra contra todo el grupo reunido. Algunos intentaron correr, otros buscaron refugio detrás de paredes y motocicletas, pero la ráfaga de tiros terminó alcanzando a varias personas en plena calle.
Cuerpos tendidos sobre el pavimento. Personas heridas pidiendo ayuda. Familiares corriendo desesperados hacia improvisados vehículos para trasladar a los lesionados. Gritos. Sangre. Confusión.
La masacre ocurrió en un contexto particularmente delicado para Pueblo Viejo y sus corregimientos. En las últimas semanas, las comunidades venían denunciando una profunda crisis por la falta de agua potable, al tiempo que pescadores de la zona alertaban sobre intimidaciones y amenazas para impedirles salir a trabajar en sectores de la Ciénaga Grande.
Por eso, para muchos habitantes, el ataque armado terminó convirtiéndose en la confirmación de un temor que llevaba semanas creciendo. “La gente aquí vive con miedo”, relató un residente del sector consultado tras la matanza. “Primero fueron las amenazas, después comenzaron los rumores y ahora pasa esto”.
Varias personas en Palmira aseguran que algunas de las víctimas se dedicaban a labores de pesca y consideran que la violencia que golpea al municipio ya desbordó cualquier frontera entre disputas criminales y población civil.
Pueblo Viejo, históricamente afectado por la pobreza y la débil presencia institucional, se ha convertido en un territorio sensible por su ubicación estratégica entre zonas de movilidad ilegal, economías criminales y corredores utilizados por estructuras armadas en el Caribe.