Grandes personajes y artistas son parte de este revuelo de la “transformación” física, quedando hasta irreconocibles y muchos de ellos por mala praxis, sin importar el qué dirán, siguen apostando por alcanzar la belleza extrema
Espectáculos.- La palabra belleza siempre ha sido un tema de conversación, pues para muchos suele ser algo primordial para enamorar, encantar o hasta comprar; Mientras que para otros suele ser algo de segundo plano, dándole a la belleza un espacio vacío y carente de razón. Ser bonito o atractivo en los últimos años ha sido un trabajo constante, sobre todo en las mujeres; buscamos caer en la perfección que sabemos que no existe, al mejor estilo de los romanos y la romantización por lograr una piel blanca a base de carbonato de plomo, logrando hacer visible lo enfermizo que puede ser la belleza y el deseo de la atención a los ojos de los demás.
La moda tristemente ha creado en miles de ocasiones un catálogo de cómo debería verse la mujer perfecta para triunfar y ser exitoso, como una rinoplastia, labios inyectados, carillas, bótox y ácido hialurónico, implantes mamarios, liposucciones y demás procedimientos médicos que —en general— no necesita el ser humano; solo hace parte de una conducta egocéntrica que actualmente se concentra en redes sociales con una urgencia para que todas parezcan un mismo sello, una misma firma.
Grandes personajes y artistas son parte de este revuelo de la “transformación” física, quedando hasta irreconocibles y muchos de ellos por mala praxis, sin importar el qué dirán, siguen apostando por alcanzar la belleza extrema. ¿Cuál es el costo de la perfección? ¿Queremos vernos bien por amor propio o por validación externa?
Si me pregunto ahora mismo cuál es el peor enemigo de una mujer, puedo decir —con toda responsabilidad— que otra mujer. (Aquí aclaro): otras mujeres nos han vendido una construcción de autoestima falsa, a base de inyecciones y cirugías para verse radiantes durante un evento o una fotografía. No se vive la vida con tranquilidad y naturalidad, sino que parece una carrera por quien no va a demostrar vejez en el pasar de los años, al mejor estilo de Kris Jenner y sus guantes para no mostrar sus arrugas e imperfecciones. Si los influencers eran conscientes del daño que se hace socialmente al promover una cultura de belleza fabricada, no veríamos tantos jóvenes con complejos e inseguridades, por más atractivas naturalmente que sean.
La búsqueda de un ideal de belleza fabricada no es más que un reflejo que sacrifica nuestra salud física y mental, alterando nuestra personalidad esperando una aprobación ajena. Mientras sigamos permitiendo que el talento y demás estándares de la vida se midan por una cierta cantidad de dólares invertidos en procedimientos estéticos, continuaremos alimentando un ciclo sin fin de inseguridades que nos alejan de nuestra verdadera esencia. ¿Vivimos para nosotros o para un ente social que nos acepta? ¿Puede disfrazarse la inseguridad con mililitros de productos químicos? ¿A futuro seremos un cuerpo de fotocopiadora con alma vacía de criterio?