“Resulta una locura, pero acudiré a la iglesia; simplemente me centra”, afirmó la ganadora del premio de la Academia, quien confirmó su papel como presentadora en la 98.ª edición, bajo la dirección de Conan O'Brien
Espectáculos.- Lejos de las rutinas convencionales de gimnasios o dietas estrictas que dominan la víspera de la gala más importante del cine, la actriz australo-estadounidense Nicole Kidman optó por una conexión divina.
Durante la cena exclusiva previa a los Oscar, organizada por Chanel y Charles Finch en el Hotel Beverly Hills, la actriz desarrolló que su tradición inquebrantable consiste en asistir a misa la mañana del evento.
“Resulta una locura, pero acudiré a la iglesia; simplemente me centra”, afirmó la ganadora del premio de la Academia, quien confirmó su papel como presentadora en la 98.ª edición, bajo la dirección de Conan O'Brien.
Mientras sus hijas, Sunday y Faith, disfrutan de sus vacaciones de primavera, Kidman prioriza la calma doméstica tras la ceremonia. “Volveremos a casa, nos daremos un baño y dormiremos temprano”, comentó entre risas, aunque no descartó una aparición fugaz en alguna fiesta nocturna. Este enfoque sereno contrasta con la intensidad emocional que atravesó el último año.
Por primera vez, desde su separación del cantante Keith Urban, el artista de 58 años habló con crudeza sobre el duelo. “Todavía existe dolor”, reconoció sin rodeos, describiendo meses anteriores como un período de reclusión en su propio caparazón. No obstante, su mirada ahora se proyecta hacia adelante con determinación: “Ahora me ubico en un espacio donde digo: '2026, vamos por ello'”.
Cabe destacar que su prioridad absoluta permanece intacta: la unidad familiar. “Agradezco tener a mi familia avanzando junta; mis hijas ya son mujeres y eso es todo lo que importa”, sentenció, reservándose detalles íntimos por respeto a sus seres queridos.