Espectáculos
Regreso del 2016 ¿Falta de originalidad en la época actual?
Es normal esperanzarnos o buscar cierto espacio para reconectar con lo que fuimos, lo que no es normal es que debamos nuevamente revivir al 100% esta época en específica, tomando en cuenta lo acelerado que estamos en casi 3 décadas del siglo XXI
25 de enero de 2026
Espectáculos.- Desde el 2020, la añoranza se ha convertido en un caso de estudio no solo para jóvenes, también para la sociedad adulta; día a día se busca revivir el pasado más allá del pensamiento, pues se necesita tener consigo ciertos objetos, algunos vocabularios y hasta maneras de ser para conectarse con la cercanía de lo que se vivió. En términos de moda, mi rubro, lo llamaremos “ciclo de la moda”, caracterizado por el crecimiento, madurez y declive de cierta tendencia, teniendo como resultado, años después, una muy alta probabilidad de repetir este sistema como una moda vintage o “actualizada”.

Es normal esperanzarnos o buscar cierto espacio para reconectar con lo que fuimos, lo que no es normal es que debamos nuevamente revivir al 100% esta época en específica, tomando en cuenta lo acelerados que estamos en casi 3 décadas del siglo XXI. Necesitamos preguntarnos cuál es el miedo a seguir avanzando. ¿Somos, acaso, conscientes de que la vida futura será mucho más agitada, sumando la falta de creatividad y originalidad? ¿Nos estamos comportando como una copia del pasado que a futuro no dejará huella? ¿Nos recordarán por hacer “tributos”, o por ser originales?


Esta falta de originalidad no solo nos consume como ciudadanos, también implica una pérdida de identidad dentro de la industria de la moda y el espectáculo. Los primeros diseñadores más reconocidos a nivel mundial no tuvieron una referencia a la cual copiar y, para la época, era muy difícil ser copiados. La originalidad nace desde la búsqueda de soluciones y no del estancamiento de problemas, pues como un perfecto ejemplo, para 1900 la moda era llevar la contraria. Casas de moda como Chanel, tan característica por sus trajes elegantes, algunos de tweed y diversos en color negro, es la representación perfecta de una añoranza 50/50; por algunos años, Karl Lagerfeld entendió que extrañar no debe ser sinónimo de copiar, sino de inspirar; Chanel se volvió más sensual, pero jamás perdió su toque. Tristemente, en los últimos años hemos visto en manos de otros directores creativos un simple “copiar y pegar” por parte de ellos.

El miedo a renovar en una industria que día a día se vuelve más crítica sin criterio (valga la redundancia), eleva por millones la inseguridad del fracaso hacia nuevas promesas en diversos ámbitos de la moda, pues la comodidad se esconde tras el cariño y amor a lo viejo y ya vivido, se vuelve casi una relación inseparable y, como si le arrancaran el corazón a un cuerpo, lo desconocido nubla por el temor y deja estabilizarnos en una zona de confort.
Por otro lado, quienes se atreven a superar las barreras de la nostalgia y añoranza se vuelven protagonistas de una lluvia de opiniones negativas que dictaminan lo que está bien o mal, correcto o inmoral, siempre dejando de lado el trabajo que se debe realizar para marcar la diferencia y no ser la copia, sino la huella. El camino de la sociedad siempre será repetido diversas épocas en diversos ámbitos. Tal vez, mientras lees y comentas esto, poco a poco se está creando en 2026 una tendencia que aún no vemos, pero que extrañaremos en el 2040.


El poder de la moda y de cualquier espacio profesional recae en la capacidad de transformación, para poder dejar firma de hitos imborrables en la historia de la humanidad.
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Francheska Rubio