En 2008, tras mudarse a Moscú, se matriculó en la Academia Estatal de Cultura Física y profundizó en conocimientos científicos del deporte. En Moscú, comenzó a participar en competencias nacionales e internacionales. Estos logros cimentaron una transformación física excepcional en el panorama femenino.
Su
régimen alimentario se basa en seis o siete comidas para un total de 4.500 y hasta 6.000 calorías diarias. El desayuno contiene café, seis huevos, fruta y avena. La ingesta diaria de proteína supera los 250 gramos, con énfasis en carnes magras, pescado, yogur griego y proteína en polvo.
Su dieta prioriza carbohidratos complejos como arroz integral y camote para sostener la energía y recuperación, además de grasas saludables de frutos secos y aceites vegetales. Este modelo nutricional es imprescindible para reponer glucógeno y permitir la reparación muscular en un entrenamiento tan exigente.
Además
suele entrenar entre cuatro y seis veces a la semana, incorporando superseries y días de recuperación. Kuznetsova es reconocida por su transparencia acerca del uso de esteroides anabólicos y bloqueadores de estrógenos. Sostiene que la musculatura extrema que ha desarrollado sería imposible solo con entrenamiento y alimentación.
“Estoy acostumbrada a la fama. La gente me reconoce por la calle, incluso bajo la ropa pueden identificar un cuerpo atlético”, supo declarar la deportista, que le imprimió una imagen diferente al fisicoculturismo.