Venezuela demostró que la gloria verdadera se reserva para aquellos que entienden que no hay obstáculo insuperable cuando el talento se rinde ante la fe y el orgullo nacional
Deportes.- El fantasma de 2023 finalmente fue exorcizado. Venezuela derrotó a Estados Unidos 3-2 en la final del del Clásico Mundial de Béisbol 2026 para ganar su primer título del torneo, que concluyó su sexta edición el martes 17 de marzo. Hubo que esperar, sufrir y persistir, pero la recompensa fue absoluta.
A inicio del torneo, Venezuela a nivel internacional no figuraba en los pronósticos internacionales tras casi dos décadas a la sombra de su actuación en 2009; sin embargo, contra todo pronóstico, el equipo criollo logró lo impensado: alzar al cielo su primera copa mundial. Ahora, se une al selecto club de campeones junto a Japón, Estados Unidos y República Dominicana.
Omar López, manager de Venezuela, en rueda de prensa posterior a la victoria dijo que tras la eliminación del conjunto en 2023 ante Estados Unidos, ya él había visualizado esta victoria y vaya que la revancha dejó un buen sabor.
"Yo soñaba con este momento. Muchas veces se malinterpreta: no llegaste a la semifinal, te eliminaron... pero esas cosas las anotas para seguirlas mejorando. Ya yo había visualizado esta victoria".
Otra de las frases dichas que más resonó fue: "Esto es para todos los venezolanos. Disfrútenlo, porque qué manera de retirarme del Clásico Mundial".
Claves de la victoria de Venezuela
La labor oportuna de Wilyer Abreu, Eugenio Suárez y Luis Árraez se describe como la lucha entre David y Goliath. Ambos se convirtieron en los nuevos héroes nacionales de Venezuela.
Abreu solo le gusta aplicarle la inyección letal con su madero a los equipos tamaño Goliath. A Japón los "mató" con su vuelacerca que giró la pizarra y transformó la pesadilla en luz, llevando a su equipo a las semifinales y ante Estados Unidos volvió a sacudir Miami con cuadrangular ante Nolan McLean.
Eugenio Suárez, quien ya había sufrido la eliminación previa, se vistió de héroe en el noveno inning. Su doblete contra la raya del jardín izquierdo trajo la carrera de la diferencia. Suárez fue fue resiliente y se negó a perder dos veces contra el mismo rival.
Arráez fue el encargado de marcar el ritmo desde el inicio. Su capacidad para agotar a los lanzadores rivales fue
una tortura para el pitcheo de Estados Unidos y Japón.
López no esperó a que sus lanzadores se cansaran. Aplicó un plan de "relevos cortos y agresivos" para todo el torneo, utilizando a Eduard Bazardo, José Buttó, Ángel Zerpa, Ándres Machado y Daniel Palencia, quienes mantuvieron la calma.
Incluso cuando Bryce Harper empató el juego con un jonrón en el octavo inning, el equipo no entró en pánico.
En cuanto a la noche más importante hay que hablar de la cátedra de Eduardo Rodriguez. Durante 4.1 entradas solamente permitió un imparable y sumó cuatro ponches. Rodríguez abrió el camino para creer en los suyos.
Maikel García se convirtió en el motor ofensivo y emocional del equipo. Terminó el torneo con un promedio de .385 y fue nombrado el Jugador Más Valioso (MVP).
En el torneo dio un jonrón e impulsó siete carreras. La noche del 17 de marzo ante Estados Unidos impulsó la primera carrera del partido por el título con un elevado de sacrificio ante el abridor Nolan McLean.
Su capacidad para mover corredores y su agresividad en las bases siempre mantuvo la energía dentro del equipo.
“Estoy orgulloso de ser parte de este grupo y estoy orgulloso de representar a 30 millones de venezolanos en mi país (…) Solo pensaba en lo que iba a pasar después de que ganáramos el juego. Tenía total confianza en nuestro cerrador y sabía que íbamos a ganar este juego”, agregó.
Venezuela no cometió errores. La combinación de
Ezequiel Tovar en el campocorto y
Andrés Giménez en la segunda base fue un "agujero negro", García como defensa en la "esquina caliente" fue impecable, Salvador Pérez fue el capitán absoluto detrás del plato; Ronald Acuña Jr., Jackson Chourio, y Abreu blindaron los jardines.
Aunque el juego fue en territorio estadounidense, el LoanDepot Park rugió como si fuera el Estadio Universitario de Caracas o el José Bernardo Pérez de Valencia. Esa energía impulsó a los jugadores en los momentos de apremio, convirtiendo la presión en motivación.
Durante todo el torneo los fanáticos brindaron respaldo total a la selección de Venezuela con la asistencia al estadio así como en redes sociales. Venezuela demostró que no se trata de solo béisbol sino de algo nuestro, de orgullo y pasión.
“Lo que ven ahí, esos somos nosotros”, exclamó el manager de Venezuela, Omar López. “Ese es nuestro país. Esos somos nosotros. Esa es la pelota invernal. Así es como disfrutamos nuestro béisbol", en relación a que la selección se reunía en la cueva y el relevista Eduard Bazardo sacaba el tambor. Mientras lo tocaba, el equipo formaba un círculo y se ponía a bailar, mostrando con orgullo sus raíces venezolanas.
“Jugamos para ustedes y por ustedes”, expresó Willson Contreras. “Venezuela merecía esta felicidad... Ya saben por qué. Para mí no me cabe el orgullo en el pecho de ser venezolano. Gracias a Dios y a mis padres por ser venezolano y gracias a todos ustedes por el apoyo”.
Venezuela demostró que la gloria verdadera se reserva para aquellos que entienden que no hay obstáculo insuperable cuando el talento se rinde ante la fe y el orgullo nacional. Cuando la selección sabe que cuenta con el apoyo de más de 30 millones de personas porque no al final pudo acallar todos los gritos que subestimaron a la selección y que creían que no nos íbamos a recuperar de tragedia de cuartos de final o que nuestro "mejor momento" sería a edición 2009.
Maikel García tras recibir el trofeo de MVP dijo: "La próxima vez que hagan un ranking, Venezuela es el número 1, los demás que se arreglen", le puso voz al sentimiento que por años se sintió subestimada por los analistas internacionales.