El camino lo iniciaron los mexicanos Luis Pérez en 1930 y su hijo Mario Pérez en 1950. A partir de allí, se sucedieron dinastías inolvidables en todo el planeta. En Europa, los españoles Manuel Sanchís (1966) y su hijo Manolo Sanchís (1990) marcaron una época, mientras que en Italia el legendario Cesare Maldini (1962) le transmitió el testimonio a Paolo Maldini, quien se transformó en una leyenda absoluta al disputar cuatro mundiales entre 1990 y 2002.
En Francia se dieron casos emblemáticos como el de Jean Djorkaeff y su hijo Youri Djorkaeff (campeón en 1998), o más recientemente el de Lilian Thuram y el delantero Marcus Thuram, quien defendió la camiseta gala en 2022. En Sudamérica, Uruguay se destaca con dos familias de estirpe mundialista: Julio Montero Castillo y su hijo Paolo Montero, y la célebre dupla de Pablo Forlán y Diego Forlán, este último consagrado como el mejor jugador del Mundial de Sudáfrica 2010.
Por otra parte, el ecuatoriano Djorkaeff Néicer Reasco González estuvo en el Mundial de Qatar en 2022, mientas que su padre Néicer Reasco Yano lo hizo en Alemania 2006.
El fútbol español celebra la dinastía de Miguel Alonso, presente en cinco partidos de la edición de 1982, una posta que tomó con éxito descomunal su hijo Xabier Alonso, quien completó 13 partidos y anotó dos goles a lo largo de tres ediciones (2006, 2010 y 2014), consagrándose campeón del mundo.
Por otro lado, la historia de Honduras cuenta con el orgullo de Allan Anthony Costly, quien disputó tres partidos en España 1982, un legado que continuó su hijo Carlo Yaír Costly al jugar tres partidos y marcar un gol en Brasil 2014.
Otros casos resonantes a lo largo del tiempo incluyen a los arqueros daneses Peter Schmeichel y Kasper Schmeichel, a los brasileños Domingos da Guia y Ademir da Guia, y al talentoso Mazinho, campeón con Brasil en 1994, cuyo hijo Thiago Alcántara representó a España en la edición de 2018.