Durante su homilía, Mons. Da Conceiçao compartió una anécdota personal de sus años de formación y ministerio temprano (2017-2018), cuando le fue encomendada la causa de canonización de Mons. Eduardo Boza Masvidal, obispo auxiliar de La Habana expulsado por el régimen de Fidel Castro en 1961.
El Obispo relató cómo, al tener que viajar a Miami para recoger testimonios de la comunidad cubana en el exilio, fue testigo de la importancia de la jerarquía y la comunión eclesial.
"Yo no podía ir a otra diócesis si el obispo local no me otorgaba el permiso", explicó, subrayando que el sacerdote no actúa por cuenta propia, sino en íntima unión con su obispo y la Iglesia local.
Mons. Da Conceiçao Ferreira profundizó en la distinción entre el sacerdocio común de los fieles (adquirido en el bautismo) y el sacerdocio ministerial. Aclaró que, aunque difieren esencialmente, ambos se necesitan mutuamente para la misión de la Iglesia.
Hizo hincapié en puntos doctrinales clave:
- Fidelidad a la tradición: Recordó que la estructura de la Iglesia no es una "intrapolarización de la fe", sino una respuesta a la voluntad de Cristo y la práctica de los apóstoles.
- El papel de la mujer: Citando a San Pablo VI, recordó que la Iglesia mantiene la tradición del sacerdocio reservado a hombres no como una falta de dignidad hacia la mujer, sino como fidelidad al mandato original del Maestro.
- El carácter sacramental: El orden sacerdotal imprime un "sello espiritual" que capacita al ministro para servir a los demás y "no servirse de los demás".
Uno de los momentos más significativos de la liturgia fue la consagración del Santo Crisma y la bendición de los aceites:
- Óleo de los Enfermos: Para aliviar el cuerpo y el alma de quienes sufren.
- Óleo de los Catecúmenos: Para dar fuerza a quienes se preparan para el bautismo.
- Santo Crisma: Utilizado en bautizos, confirmaciones y ordenaciones, simbolizando la unción del Espíritu Santo.
Un pedido de oración por los pastores
Al finalizar, el Obispo pidió a los fieles presentes orar intensamente por sus sacerdotes para que sean "fieles ministros de Cristo" y, de manera especial, pidió oraciones por su propio ministerio:
"Oren por mí, para que sea fiel al ministerio apostólico que he recibido... Encomendado a mis débiles fuerzas".
La celebración concluyó con un mensaje de esperanza, encomendando la Diócesis de Puerto Cabello a la protección de la Virgen María y San José, exhortando a todos a caminar juntos en el camino de la santidad.