Rostros de Montalbán: Ángel Modesto Oliveros, una vida entre leña y calderos
El local de su padre es visitado por muchos clientes que anhelan degustar los famosos chicharrones, las arepas de budare y la bien friíta
Carabobo.- Crujientes, dorados, apetitosos… Así son los chicharrones que prepara
Ángel Modesto Oliveros, popularmente conocido como “Garrapata”, quien los elabora en su misma residencia, ubicada en el sector El Charal, de Montalbán. Cuenta con 59 años de edad, vive con su esposa Silenia. Tiene dos hijos, una hembra y un varón; además de dos nietos.
Negocio familiarA los 14 años y luego de abandonar los estudios al aprobar el sexto grado, “Garrapata”, junto a sus hermanos Marcos y Andrés, se dedicó ayudar a su papá, Ángel Modesto, en su chicharronera ubicada en la avenida Comercio. Su trabajo era hacer los mandados en ese negocio, frecuentado por muchas personas, pues había un abasto muy surtido.
También era (y aun es) visitado por variados clientes, entre ellos reconocidos políticos (sobre todo los fines de semana y las madrugadas de los sábados y domingos), quienes anhelan degustar los famosos chicharrones, las arepas de budare y la bien friíta... todo en un ambiente de buena atención.
Legado familiar
Cuando su papá se fue a trabajar a una frutería en Valencia, “Garrapata” se hizo cargo del legado junto con sus dos hermanos. Años más tarde, Marcos montó otra chicharronera en la avenida Miranda cruce con Bolívar, mientras que Andrés aun maneja el negocio fundado por su padre.
Llegó la independencia
Garrapata se mudó a su actual residencia, donde continuó con la tradición, rodeado de inmensos calderos y la ayuda de su familia. Durante unos 30 años llevaba chicharrones a Bejuma, Miranda, Canoabo… a bordo de una camioneta amarilla que todavía conserva. Asegura que entonces llegaba a freír hasta 4 mil kilos de cuero para producir el chicharrón, “pero llegó la situación país, y nos derrumbó a todos”.
Siguiendo sus pasos
Ángel Modesto se siente cómodo con lo que hace. Insiste en que su hijo Ángel Antonio siga sus pasos, y ahora tiene su propio negocio en el sector El Milagro. “Aun estoy en la batalla, tratando que mi hijo haga lo mismo que yo: llevar el producto a todas partes”, dice entre risas.
Acotó que el negocio de su padre es uno de los pocos que quedan abiertos. “Casi todos los comerciantes de esa época han fallecido, y los hijos no han querido seguir con la herencia que les han dejado”, recuerda.
La fórmula en una caja fuerte
Pero chicharrones no es lo único que “Garrapata” prepara. Además de este delicioso manjar, prepara chorizos y comercializa la manteca en su casa, donde montó un mini abasto. La manera de hacer los chorizos se originó en Canoabo, y los elabora de manera artesanal. “La fórmula la tengo en la cabeza y en las manos”, señala entre risas.
Leña de postín
Por supuesto, este divertido comerciante no utiliza gas para sus creaciones. “Busco leña en Montero, pero se ha puesto difícil por el problema del gas”, señaló al agregar que utiliza “chino-gas” y “patarratón-gas”, al referirse a los árboles de naranjo y pata é ratón. “Pero no toda la leña sirve, pues hay madera que no arde igual, no da buena candela”.
¿De dónde vino la garrapata?
Su apodo se originó cuando siendo niño, debía buscar los becerros para que limpiaran las ubres a las vacas, que luego serían ordeñadas por su tío José Ramón. Pero aquel niño siempre cargaba un vasito de plástico para beber leche fresca. Su abuelo Luis le aconsejaba que no se tomara el fondo, porque le saldrían garrapatas en el estómago.
“Cuando yo botaba el poco de leche, salían dos o tres garrapatas del vaso”, dijo. Y así se quedó, y a su hijo también le dicen “Garrapata” y a su nieto “Garrapatica”. También se ha convertido en una tradición.
Sin duda alguna, por mucho tiempo seguiremos escuchando acerca de los reconocidos chicharrones de “Garrapata”, el de Montalbán. (Nota de Prensa)