Atletas con síndrome de Down nadan hacia la gloria mundialista de campeonato Dsiso en Portugal
Carabobo

Atletas con síndrome de Down nadan hacia la gloria mundialista de campeonato Dsiso en Portugal

La inspiradora travesía por la que estos carabobeños claman apoyo financiero de instituciones públicas y privadas
5 de octubre de 2026
Carabobo.- El agua de la piscina es testigo silencioso de batallas cotidianas libradas con brazadas de esperanza, sudor y absoluta entrega. En el corazón del estado Carabobo, específicamente en el Polideportivo Misael Delgado y el Complejo de Piscinas La Isabelica , tarde con fuerza un equipo que desafiaba cualquier estereotipo: José Andrés Scarpitta, David Luna, Camile López, Betzabeth Barboza, cuatro atletas de alto rendimiento con síndrome de Down y su estratega, el profesor Ronald Rojas, quien ha dedicado más de tres décadas de su vida a transformar vidas a través de la natación.


Próximos a representar a Venezuela en el Campeonato Mundial de la Organización Internacional de Deportes para Síndrome de Down (Dsiso) a celebrarse en Portugal, estos atletas encarnan la excelencia deportiva, la resiliencia humana y el triunfo de la constancia.

Una trayectoria forjada  con pulso firme  y vocación inagotable

El profesor Ronald Rojas, con más de 34 años de experiencia al frente de la formación de atletas con condiciones especiales, explica con rigurosidad técnica y calidez humana lo que significa este camino. Rememorando los inicios, señala que Venezuela asiste a este tipo de justas internacionales desde el año 2000, impulsados ​​por la Federación Internacional de Natación para Personas con Síndrome de Down y el movimiento paralímpico global.

"Nosotros tenemos rato en esto, participando desde el año 1999 y asistiendo por primera vez a nivel internacional en el 2000 en Irlanda del Norte... A medida que pasa el tiempo, la exigencia aumenta. El nivel de la natación adaptada es netamente de élite; en un entrenamiento diario quizás no consigues la marca que buscas, pero en la competencia, la exigencia te saca el máximo rendimiento", relata el entrenador con la autoridad moral que le dan los años de experiencia y los innumerables podios conquistados por sus muchachos.



El estratega detalla cómo ha evolucionado la clasificación a nivel mundial, a incluir categorías como mosaico, trisomía 21 y espectro autista, y cómo los atletas venezolanos deben superar rigurosas pruebas científicas, médicas y cronométricas homologadas internacionalmente desde los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro hasta la actualidad. "El deporte de alto rendimiento, sea convencional o adaptado, exige una disciplina férrea. El error número uno que cometen muchos es pensar que se trata de un pasatiempo, aquí se entrena de lunes a viernes, una doble jornada, acumulando entre 3.000 y 3.500 metros diarios en la piscina", puntualiza Rojas.

Rostros, talentos y vidas  más allá de las medallas

Conocer de cerca a Camile, Betzabeth, José Andrés y David es descubrir universos fascinantes de superación personal donde el deporte se entrelaza, de manera orgánica, con la vida académica, laboral y artística.

Camile, de 22 años y considerada por sus compañeros como la líder natural del grupo, compagina su exigente preparación en la natación con sus estudios universitarios en la Universidad de Carabobo. “Yo estudio educación física, deporte y recreación; estoy en la raya para graduarme, siguiendo los pasos de mi hermano, quien es fisioterapeuta”, comparte con una sonrisa radiante. Pero su talento no se detiene en el agua ni en las aulas: Camile compone canciones inspiradas en el K-pop, diseña ropa y ha ideado una línea de trajes de baño adaptados.

Betzabeth, la más experimentada de la delegación con sus 37 años, es un auténtico referente institucional. Desde hace 15 años labora activamente en una organización humanitaria de gran prestigio, como lo es la Cruz Roja, donde es reconocida y respetada por su profesionalismo. Su constancia en el agua refleja la madurez de una atleta que ha recorrido el mundo portando la bandera tricolor.

José Andrés, con una brillante trayectoria que incluye hitos históricos, como su destacada participación en el Mundial de China 2010, donde se alzó con múltiples preseas doradas en pruebas de 1.500 y 400 metros, demuestra que los años de experiencia competitiva fortalecen el carácter. A sus 33 años, sigue perfeccionando cada brazada con la misma ilusión del primer día.

David, el miembro más joven y entusiasta, también con 22 años de edad, aporta frescura y alegría al equipo. Trabajando codo a codo con sus padres en el negocio familiar y entregado por completo a sus entrenamientos, David consolida su sueño de convertirse en un referente de la velocidad en el agua.

El valor fundamental de la familia: derribando la primera barrera

Uno de los aspectos más profundos y conmovedores de la entrevista radica en el análisis del rol de los padres y el núcleo familiar. Para el profesor Ronald Rojas y los propios padres presentes en el encuentro, el éxito de estos atletas no recae únicamente en el talento individual, sino en una red de amor inquebrantable que comienza en el hogar.

“El peor error que puede cometer un padre que tiene un joven con discapacidad es dejarlo en casa, esconderlo por temor o sobreprotección”, advierte con firmeza el entrenador. "Muchas veces, la primera barrera con la que se enfrentan al nacer son sus propias familias, que los subestiman o no creen en su potencial. Pero, cuando el padre se atreve, busca estimulación temprana y los trata como personas convencionales —porque no se les puede tratar diferente—, es allí donde ocurre la magia del alto rendimiento".

Las madres y padres de los atletas
coinciden plenamente. Relatan los
sacricios diarios. Madrugar a las
4:00 a. m., recorrer kilómetros, esperar horas bajo el sol durante los
entrenamientos, costear implementos deportivos y buscar, de manera
autogestionaria, los recursos necesarios para los viajes internacionales. Para ellos, la familia es el motor principal. “Nosotros no somos
solo padres, somos patrocinadores,
asistentes, terapeutas y, sobre todo, 

Las madres y padres de los atletas coinciden plenamente. Relatan los sacrificios diarios. Madrugar a las 4:00 a. m., recorrer kilómetros, esperar horas bajo el sol durante los entrenamientos, costear implementos deportivos y buscar, de manera autogestionaria, los recursos necesarios para los viajes internacionales. Para ellos, la familia es el motor principal. "Nosotros no somos solo padres, somos patrocinadores, asistentes, terapeutas y, sobre todo, creyentes empedernidos de sus sueños. Verlos en el podio hace que cada gota de sudor valga la pena", expresan con orgullo.

Un grito de auxilio  y esperanza: la necesidad  de respaldo económico

A pesar de ser los máximos exponentes de la natación con síndrome de Down en Venezuela y de contar con avales federativos indiscutibles, el equipo se enfrenta, una vez más, a la dura realidad del financiamiento. Las federaciones deportivas nacionales, debido a la falta de inclusión plena de estas categorías dentro de las estructuras oficiales del presupuesto estatal, a menudo dejan desamparados a estos atletas de élite.

"A nivel nacional e internacional el esfuerzo es titánico. La categoría ya está plenamente reconocida en el mundo, pero nuestro en país las instituciones públicas muchas veces no otorgan los recursos a tiempo. Nos toca a las familias tocar puertas, hacer rifas, buscar empresas privadas y apelar a la solidaridad ciudadana para costear los pasajes aéreos a Portugal", señala con preocupación el profesor Rojas.

Hacia el tramo final de la conversación, el ambiente se llena de una emotiva complicidad. Los atletas, entre risas y muestras de afecto hacia su entrenador —a quien consideran un segundo padre y un guía implacable pero amoroso—, reafirman su compromiso de dejar el alma en las piscinas de Portugal.

“Nosotros mirada vamos por el oro, a romper nuestras marcas ya demostrarle a Venezuela y al mundo de qué estamos hechos”, sentencia Camile con convicción, mientras David y José Andrés asienten con determinación y llenas de brillo.

La entrevista concluye con un aplauso cerrado en la mesa, un reconocimiento sincero a estos cuatro gigantes del deporte carabobeño ya sus familias.

Hoy, más que nunca, la sociedad venezolana, los organismos públicos y la empresa privada tienen la oportunidad histórica de tenderles la mano. Porque apoyar a estos campeones no es un acto de caridad, es hacer justicia con el talento, la disciplina y el derecho inalienable a triunfar sin límites.
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Luisana Mosquera