Debido a que es una problemática general, llama a políticas sociales que sigan ayudando a los afectados a cómo recuperar sus viviendas, trabajos, etc. y a que se mantengan las brigadas de psicólogos y médicos en las zonas afectadas
Carabobo.- Tras los terremotos que sacudieron al país hace 37 días, no solo se alteró la tierra en 39 segundos: también se rompió la sensación de seguridad del cuerpo y la confianza en nuestro hogar. Incluso, el dolor y el duelo tras el desastre no es una patología que deba reprimirse, sino un proceso digno y necesario que requiere ser acompañado, no corregido.
El doctor Carlos Rojas Malpica prefiere no presentarse como un personaje mediático. Es médico psiquiatra, egresado de la Universidad de Carabobo con estudios de especialidad en España, miembro correspondiente de la Academia Nacional de Medicina y profesor emérito de su alma máter; además, es miembro fundador de la Sociedad Mundial de Psiquiatría Cultural. No ha ido a La Guaira a asistir víctimas, pero ha seguido con atención todo lo ocurrido desde el mismo instante de los sismos. “Hay que estudiar lo que pasó desde el mismo momento en que la gente sintió sacudidos sus cimientos”, dice en exclusiva para Notitarde.
Cuando la tierra se mueve, también tiembla la mente y trastoca toda la cotidianidad de sus afectados. Los terremotos no solo derrumbaron miles de viviendas que, lamentablemente, ya suman más de 6 mil víctimas fatales, según el último boletín proporcionado por el Gobierno nacional el pasado 3 de agosto, sino también la sensación de seguridad del cuerpo y la confianza en la naturaleza.
Como premisa y con la emergencia que se requiere, se debe abordar el dolor y duelo que atraviesa toda una nación, especialmente los habitantes de La Guaira, Caracas, Aragua y Carabobo para que, en la medida de lo posible, volvamos a renacer, a aprender y a accionar tras lo ocurrido como sociedad.
“Eso duró un minuto. Pero fue un minuto terrible. Y lo que vino después fue todavía peor”, dice Rojas Malpica. Lo que siguió fue un estrés súbito.
El duelo no se puede negar, no se debería dejar para después y hay que abordarlo de manera colectiva,pero, sobre todo individual. Es un dolor decente y necesario, ya que ese sentimiento nos ha permitido ayudarnos y movilizarnos desde el día uno de la tragedia.
Malpica Rojas señala que el duelo ocurre y va a seguir ocurriendo, y no hay que negarlo. “Yo estoy triste, yo estoy afligido, yo estoy sufriendo por lo que ha ocurrido, y ese duelo, ese dolor, ese malestar que sentimos la mayoría de los venezolanos es un malestar decente, digno, que nos ayuda y nos moviliza a trabajar”.
“No hay que hacer contención de nuestras emociones, hay que dejar que drenen. Si estamos tristes, sufriendo, angustiados o tenemos miedo de que vuelva a temblar, todo eso es parte de este recorrido”, expresa.
Afirma que el duelo en algunas personas será más largo y en otras más breve. “No necesariamente hayque considerarlo patológico, anormal o enfermizo. Es parte de este proceso y, sobre todo, el dolor por las pérdidas. Eso lo vamos a seguir sintiendo durante un tiempo”.
Cuándo el dolor se vuelve trastorno
El psiquiatra distingue entre el sufrimiento normal y el trastorno de estrés postraumático. “Lo que se llama el trastorno de estrés postraumático ya se trata de una entidad clínica. No se trata del sufrimiento, del dolor, de la angustia, del miedo que sentimos todos; se trata de una estructura clínica que en algunas personas más vulnerables se ha instalado”.
Sobre el suicidio, Rojas Malpica es cuidadoso. “Sí he leído, pero no conozco las cifras, pero sí hay personas que han optado por esa vía. Es muy doloroso, muy lamentable, pero hay que comprender la magnitud del dolor” en referencia a que muchas personas no solo perdieron sus viviendas y bienes materiales sino también que se quedaron solas, tienen edades muy avanzadas o incluso son muy jóvenes, perdieron a sus hijos o toda la familia. “A lo mejor el desespero o dolor es tan grande que lo lleve hasta el suicidio”.
Pero aclara: “El suicidio nunca es una causa con un efecto. En la determinación suicida no es solamente la situación. Hay que ver cómo es la vida, cómo era esa persona antes de esta tragedia, si ya traía una predisposición, un sufrimiento o un trastorno mental o un linaje, porque hay linajes de suicidas”.
“Nunca se debe agarrar con una pinza un detalle y decir que esa es la causa del suicidio. Eso es un error. Lo simple no puede explicar lo complejo, y el comportamiento suicida es un fenómeno muy complejo para explicarlo en términos simples”.
Debido a que es una problemática general, llama a políticas sociales que sigan ayudando a los afectados a cómo recuperar sus viviendas, trabajos, etc. y a que se mantengan las brigadas de psicólogos y médicos en las zonas afectadas.
No invalidar el dolor
Para ayudar como familia, amigo o voluntario, hay que educarse y muchas veces aceptar que se necesita la ayuda de un especialista. Rojas Malpica aclara que, cuando ya hay instalado un cuadro clínico, un trastorno de estrés postraumático, o cuando se establece un riesgo suicida, tiene que ser asistido por un especialista. “Puede ser un psicólogo, un psiquiatra, pero no es cuestión de vecinos”.
El especialista dice que en una situación tan dolorosa se debe evitar decir: “pon de tu parte”. “Y esa es una frase muy común y corriente, y a veces termina siendo hasta molesta, porque la gente que está tan deprimida no tiene parte de dóndeponer. Hay que respetarle el dolor”. “No hay que decirle ‘deja de llorar’, ‘deja de sufrir’, ‘mira el ejemplo de tal que salió de tal’. No, eso no es adecuado. Hay que respetar el dolor y el sufrimiento de la gente”. Sin embargo, dice que los amigos, la familia y cercanos sí pueden acompañar a la persona que está sufriendo, especialmente de la mano de un especialista.
La palabra como ayuda
El Dr. Rojas Malpica no es mediático y asegura fielmente: “Yo no me la paso presentándome ni en la televisión, ni en la radio, ni en ninguna parte. Pero, ¿por qué hago esto? Porque yo siento que con la palabra también uno puede ayudar a las personas que están sufriendo”.
“Todos podemos colaborar, y si yo colaboro es porque me duele lo que les pasa a los venezolanos. Yo no puedo ser indiferente”.
Deja dos puntos importantes: tener momentos de recreación y reincorporarse a las actividades habituales antes de los sismos.
“Todos vimos la Serie Mundial de fútbol y fue un momento de descanso, de recreación, de alivio. Eso también es sano”, y dice que “en la medida en que nos vayamos reincorporando a nuestras actividades habituales, también vamos a sentir menos dolor y menos sufrimiento”.
Por último, dice que “hay que ver el lado de la tragedia, pero también el lado de la esperanza”. Resalta la acción de los ciudadanos, especialmente la de los jóvenes en las primeras 48 horas después del desastre natural y dice que esa acción de sacar a cientos de personas de entre los escombros con sus propias manos es un gesto que permitió salvar muchas vidas. Tampoco ve con ojos indiferentes la labor de la diáspora venezolana que se movilizó buscando prestar apoyo y superar la situación.
“Esos millones de venezolanos se movilizaron e hicieron sus pequeños aportes para enviar recursos. Algunos se regresaron a Venezuela para colaborar en los rescates” y destaca la ayuda internacional, “eso lo debemos agradecer siempre”.