Reivindicó la vigencia del “triángulo de la vida” o espacio vital, técnica que permitió la supervivencia de una mujer embarazada y su familia durante el colapso de estructuras en la reciente tragedia
Carabobo.- Héctor Méndez, “El Chino” y líder de los Topos Azteca de México, aseguró que la ciudadanía ha forjado en un mes una capacidad de respuesta superior a décadas de teoría académica, por lo que llamó a mantener la solidaridad como única vía para preservar vidas.
A más de un mes de los devastadores sismos que sacudieron el litoral central venezolano el pasado 24 de junio, la organización internacional de rescate Topos Azteca de México reafirmó su compromiso con las labores de búsqueda y recuperación. Héctor Méndez, presidente de la agrupación y conocido como el “Topo Mayor”, ofreció una rueda de prensa donde destacó la transformación social del país y el surgimiento de una nueva cultura de prevención.
Méndez, quien cuenta con 8 décadas de vida y cuatro dedicadas al rescate, aprovechó la ocasión para desmentir rumores sobre su retirada del país venezolano y subrayar la simbiosis entre los voluntarios mexicanos y la población local. “Nosotros somos venezolanos nacidos en México. Cuando vimos problemas en casa regresamos como buenos hijos y hermanos, para unirnos a ustedes”, afirmó Méndez ante un grupo de periodistas, rescatistas y familiares de víctimas.
Una nueva etapa: Venezuela como país sísmico
El líder de los topos declaró que, a partir de los eventos del 24 de junio, Venezuela debe asumirse oficialmente como un “país sísmico”. Según su análisis, esta realidad impone un cambio de paradigma en la conducta ciudadana y la gestión estatal.
“Lo que percibo es que la gente es más solidaria, más compartida y comprensiva. Estamos viviendo una nueva etapa de una Venezuela vibrante”, expresó Méndez. Para ilustrar este cambio, relató anécdotas cotidianas en el centro de comando, donde ciudadanos comunes, estudiantes universitarios y miembros de las fuerzas armadas trabajan codo con codo. “Los ingenieros de la Universidad de Carabobo y de la Central de Venezuela de Caracas están aquí. Su conocimiento científico nos ayuda a preservar la vida. Ya no queremos ninguna víctima más; las del mes pasado fueron suficientes”.
Méndez fue enfático al criticar la burocracia teórica frente a la práctica real del desastre. Señaló que los rescatistas locales han adquirido en cuatro semanas una experiencia que equivaldría a cincuenta años de formación escolar tradicional. “La gente que trabaja aquí se ha forjado en el miedo, en el dolor y arriesgando su vida. Ahora mismo, Venezuela tiene gente mejor calificada que en toda América, porque lo están haciendo con corazón”, sostuvo.
El “triángulo de la vida” y la refutación de mitos
Durante la intervención, Méndez abordó temas técnicos cruciales para la supervivencia futura, así como desmintió protocolos obsoletos. Reivindicó la vigencia del “triángulo de la vida” o espacio vital, técnica que permitió la supervivencia de una mujer embarazada y su familia durante el colapso de estructuras en la reciente tragedia.
“Alguien dijo recientemente que por ley ya no existe el triángulo de la vida. Quien escribió eso es un irresponsable. ¿Cómo vas a legislar contra la física? Aquí hemos visto cientos de miles de triángulos de vida donde la gente sobrevivió”, explicó con firmeza. Asimismo, descartó la famosa consigna de “no correr, no empujar, no gritar”, como una utopía inalcanzable bajo estrés extremo. “Es puro instinto. Si tiembla, la gente va a correr y va a gritar. Debemos aceptar esa realidad humana y prepararnos para ella”, añadió.
El experto recordó su participación en tres grandes catástrofes en el país: el terremoto de Cariaco, en 1997; la tragedia de Vargas con la vaguada, en 1999; y ahora el sismo de 2026. “En cada evento hemos visto cómo se forja una nueva generación. No necesitamos cursos teóricos caros; el mejor escenario de aprendizaje es este, con dolor real y trabajo real las 24 horas”.
Solidaridad sin estadísticas
Al ser consultado sobre un balance cuantitativo de las actividades de la semana y los resultados del seminario realizado en Valencia, Méndez resaltó que esa responsabilidad corresponde exclusivamente a las autoridades competentes.
“Yo soy rescatista, no vine a dar estadísticas que no me corresponden. He visto a otros dar números innecesarios, mientras hay dolor real. Mi labor es otra: suplicar a la gente de bien que siga viniendo”, declaró. Destacó el papel crucial de organizaciones como Wynwood Park y la necesidad de canalizar los recursos hacia los grupos familiares dispersos que suelen ser ignorados por los grandes distribuidores.
“Pedimos el doble de comida, no para nosotros sino para llevarla a esos pequeños núcleos familiares que trabajan en zonas remotas. Nosotros somos las manos y el mensajero de ese amor que no puede llegar de otra forma”, detalló.
Un llamado a la unidad familiar
La entrevista cerró con un emotivo llamado a la continuidad de la ayuda. Méndez confirmó que, lejos de retirarse, la llegada de nuevos voluntarios y el retorno de quienes habían atendido asuntos personales en México garantiza la permanencia de la misión.
“Aquí seguimos. Los que no se van son la gente de La Guaira, los que buscan a sus familiares, los que tienen el dolor en el pecho. Debemos estar con ellos”, concluyó el Topo Mayor, con una invitación a la ciudadanía a mantener la esperanza y la acción colectiva. “Sigan bajando a La Guaira, sigan trayendo ayuda. Hagamos grande a Venezuela. ¡Que viva Venezuela!”.
La jornada finalizó con la reafirmación de que la solidaridad mostrada durante este mes no es un hecho aislado, sino el nacimiento de un tejido social basado en la empatía profunda, donde —según Méndez— “el amor es el lubricante que hace caminar bien a la sociedad”.