El padre enmarcó la actividad no solo como una expresión folclórica, sino primordialmente como una ofrenda, una oración y una auténtica demostración de fe hacia la Iglesia Católica
Carabobo.- El pago de promesas de la festividad de los Diablos Danzantes de San Millán, en Puerto Cabello, fue conmemorado este 4 de junio en la iglesia Nuestra Señora de la Caridad. Luego de un baño de mar a las 5 de la madrugada —a modo de bendición y reflexión—, los diablos danzantes recorrieron parte de la zona centro del municipio para rendirse frente al Santísimo Sacramento del Altar.
Jonathan Camacho, presidente y primer capataz de la cofradía, afirmó que la celebración de los Diablos Danzantes radica en el agradecimiento a Dios y en el cultivo de las promesas que van de generación en generación. Este jueves se contabilizaron más de 35 danzantes vestidos y revestidos con sus trajes, rindiéndose simbólicamente ante el Santísimo Sacramento, acompañados por colaboradores, sayonas y la comunidad.
A su vez, dijo que están honrados de que las redes sociales sean empleadas para dar a conocer una manifestación que trasciende los 400 años de existencia y que, a través de estas, ha sido posible darle enfoque positivo para incentivar y motivar a la juventud a sumarse a las tradiciones culturales. De hecho, en la cofradía de San Millán cuentan con promeseros que van desde los 15 hasta los 78 años.
El más joven de ellos es Héctor García, mejor conocido como “Bolo”. El chico se define como un devoto al Santísimo Sacramento. Además, explicó que vio a su abuelo y a su padre pagar promesas, por lo que decidió también iniciarse para continuar el legado familiar. Asimismo, comentó que sus amigos muestran interés por la manifestación y que varios planean unirse a la cofradía el próximo año.
De igual forma, se visualiza durante los próximos 50 años en la tradición con la meta de llegar a convertirse en capataz. Sobre su momento favorito, “Bolo” destaca que el más emocionante es el ritual que realizan en la playa a tempranas horas de la mañana (aproximadamente a las 5:00 a. m.), donde el capataz los sahúma, conversa con ellos y les brinda motivación.
Camacho concluyó reivindicando que la verdadera riqueza de Venezuela no radica únicamente en recursos como el petróleo o sus paisajes, sino en su cultura, la cual logró el reconocimiento internacional tras siglos de perseverancia. También enfatizó que es una tradición heredada y se diferencia en el compromiso de sangre para agradecer a Dios en nombre de los ancestros.
En cuanto a la ceremonia, la rendición de los Diablos Danzantes fue oficiada por el presbítero Hugo Jiménez, párroco de Nuestra Señora de la Caridad y administrador de la Iglesia Catedral San José. En este sentido, el padre enmarcó la actividad no solo como una expresión folclórica, sino primordialmente como una ofrenda, una oración y una auténtica demostración de fe hacia la Iglesia Católica. La siguiente actividad planeada dentro de la manifestación es la solemnidad mayor la cual será efectuada en el templo de la Catedral San José el domingo 7 de junio, a partir de las 8 de la mañana.